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Como sociedad tocamos fondo

Por Pablo Matilla

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Foto: RSM

Las muertes en América Latina por accidentes de tránsito rondan el 25 % del total de la población que fallece. Es una cuenta simple que da una estadística horrenda: de 100 personas que mueren por diferentes causas, 25 son por accidentes y el número se hace más duro cuando esas vidas no distinguen niños, jóvenes ni adultos mayores, puede ser cualquiera… una ruleta rusa. Una porquería.
Aclaro que no soy especialista pero por mi trabajo de periodista antes de llegar a San Martín de los Andes hace 18 años, me cansé de ver accidentes, muerte y dolor. Creo que nuestra ciudad es hora que reciba ayuda de especialistas y nosotros tendremos que cumplir con lo que nos indiquen los que saben. Los siniestros viales afectan a todo el país, pero uno vive acá, nuestras familias (hijos, esposa, padres, hermanos), amigos, residen acá. Nosotros somos de acá y deberíamos estar hartos de enterarnos de escuchar: “otro accidente en…”, “a causa de una colisión murió tal persona o falleció una adolescente”. Basta, no podemos seguir así, como sucede con el alcohol, las drogas, los fármacos, las adicciones en general, o les damos un punto final o seguiremos por este camino de dolor y muerte en forma permanente. Los accidentes de tránsito se han vuelto un hecho cotidiano, es lo que sucede o sucederá en un rato, tal vez horas. Lo incorporamos, es parte de nuestras vidas y eso no es normal. Estamos enfermos.
Entiendo que si no nos respetamos entre todos, no hay ley que valga. Cuando uno conduce un vehículo (auto, camioneta, camión, colectivo, etc.), metafóricamente hablando lleva un arma, porque el peatón, ciclista o motociclista está en absoluta inferioridad de condiciones. Sabemos que si nos excedemos en lo permitido o conducimos con desidia podemos matar, lisa y llanamente, podemos matar, aunque no haya intención, si una persona atropella a un peatón o un ciclista con la mejor de la suertes para esa persona embestida, “sólo” serán heridas. Una locura; y también los automovilistas merecen respeto cuando nos toca ser peatón, ciclistas o lo que nos toque. Todos somos lo mismo en cualquier rol.
El cumplimiento de la ley debe ser siempre, no a partir de y por ahí humildemente creo que viene la cosa. Los argentinos no somos propensos a acatar lo normado y tenemos siempre vetas por donde escapar y el Estado (que no es Brunilda Rebolledo, sino que somos todos) realiza controles pero no son suficientes, porque las leyes tal vez no sean lo duras que deban ser. Cuando cometamos una infracción y las penas sean monetariamente duras, que nos de vergüenza decirle a nuestra familia el dineral que tenemos que pagar por pelotudos y desidiosos, y hasta algunas de las transgresiones merezcan cárcel de cumplimiento efectivo, y quienes imparten justicia hagan cumplir la norma, tal vez, no seguro, algo empiece a cambiar.
Pero hay cuestiones que no están escritas y tienen que ver con el respeto por el otro, por nosotros mismos. Cuando muere alguien en un accidente, no son números, son familias, historias, futuros destruidos y siempre tenemos la posibilidad de que esos alguien seamos nosotros. Sino cortamos con esta adicción de no respetar nada ni a nadie, de seguir viviendo en esta ley de la selva, no cambiará nada y seguiremos siendo parte de este juego macabro que no tiene nada que envidiar a una ruleta rusa.
Pablo Matilla (Periodista)

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