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Escenas de mala educación

El debate educativo de temporada, en medio de la marcha y el conflicto docente

| Por Claudio Blacher

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Aprovechando la presentación de los resultados de la prueba Aprender, el gobierno difundió el envío al Congreso de la ley llamada “Plan Maestro” con la intención de revolucionar la educación.
Dijo el presidente: “Me desvela profundamente que podamos hacer una verdadera revolución educativa porque estamos fallando hoy en construir futuro para cientos de miles de chicos”.
El proyecto difundido abarca 108 puntos. Entre los destacados, que en general son metas u objetivos están: jornada extendida para el 2026, superación del nivel 1 de las pruebas Aprender, para alumnos del secundario en lengua, matemática y ciencias para 2021, cobertura universal desde sala de 3, disminución al 70% del abandono escolar del secundario, acceso universal a las nuevas tecnologías para el 2021, 50% de maestros bilingües en inglés, portugués ó en el idioma del pueblo originario, creación de un Instituto de evaluación de la enseñanza etc…
El proyecto no es novedoso, el mismo Ministro de Educación Bullrich destacó que: “la iniciativa fue entregada a los sindicatos docentes en diciembre último”.
Parece claro entonces que la oportunidad política motivó la presentación: los resultados de las controvertidas pruebas Aprender, sirvieron de pretexto para montar un escena, un día antes de la Marcha Federal de los docentes, y en el medio de los conflictos con los gremios docentes, que reclaman paritarias nacionales, mejoras salariales e infraestructura.
La difusión del proyecto no tuvo tanto eco, como si lo tuvo la frase del presidente, que en relación a los resultados de la prueba dijo: “Esto marca un problema de fondo: la terrible inequidad entre aquel que puede ir a una escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública”. La palabra “caer” fue la más polémica, por lo que trae de suyo, quién se formó en una Institución educativa elitista, como la mayoría de los integrantes del gabinete y sus hijos.
Formación que no garantizó que “el mejor gabinete de los últimos 50 años” evitara tantos desaciertos y falta de cumplimiento de metas y objetivos, como tampoco impidió que ostentara el récord de “errores” reconocidos.
Es así que el debate se plantea en estas oportunidades, y no parta de la asignación de recursos que necesita contar una verdadera “revolución educativa”, cuando se privilegia la transferencia de ingresos a los sectores como el agro o las mineras, con la eliminación de las retenciones.
Es que como reza la famosa frase “es la economía, estúpido”, la primera decisión es la asignación de recursos, que a juzgar por los conflictos gremiales no resueltos, parce estar ausente.
Porque de debates estamos bien pertrechados, más allá de la presencia de los lamentables espectáculos que nos presentan a menudo esos programas televisivos, donde se suele contar con invitados, que no conocen de educación, que poco aportan al debate, y mucho al rating, entre gritos y chicanas.
Por otra parte, lo económico no es condición suficiente para la trasformación. Hace falta la construcción de grandes consensos, liderazgos y capacidad política de territorio; lo que parece aún más difícil de conseguir, cuando se buscan fortalecer las grietas y se carece de estas habilidades.
En estos consensos, deberá involucrarse a la sociedad en su conjunto, además de los sindicatos y docentes, a los que a menudo se los hostiga. A los primeros no se les puede pedir responsabilidad en la política educativa, ya que su principal función es la defensa del salario y las condiciones laborales; y a los segundos se les deberá reconocer las múltiples experiencias y esfuerzos que vienen realizando, aún con las condiciones adversas que en general se desenvuelven, y que a pesar de ello, ponen en juego múltiples innovaciones, que seguramente se tomarán en cuenta a la hora de cualquier cambio.
Desechar además, los diagnósticos de este tipo de pruebas de evaluación, que arrojan resultados excelentes en países, donde sus sociedades están plagadas de xenofobias o inequidad social; sin contar que los sectores de nuestra sociedad que asisten a esas escuelas “privilegiadas” detentan en muchos casos, vergonzosas crisis de valores, que sólo favorecerán en un futuro, aumentar la falta de solidaridad, la mayor desigualdad y discriminación.
La educación es mucho más que resultados a situaciones problemáticas o interpretación de textos.
Por último todos coincidimos, el cambio educativo es: urgente, prioritario, esencial para el desarrollo y la justicia social; y no cabe duda que debe ser política de Estado.
Tarea titánica, pero imprescindible, donde la protagonista fue y será la Escuela Pública.

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