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Crimen y castigo

El crimen de Micaela García generó conmoción social, angustia y desamparo, junto a fuertes debates y acciones, que dieron lugar a controversias desde distintos ángulos.
| Por Claudio Blacher

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Los medios de comunicación masivos, las redes sociales, el boca a boca, suelen hacerse eco con facilidad y no poca morbosidad, cuando la violencia criminal o la fatalidad suma víctimas.

Las reacciones de los diferentes actores sociales son variadas, están las voces de los allegados a las víctimas y victimarios, la de los expertos, la de grupos activos en defensa de los diversos derechos, la de sus detractores, los oportunistas, los distraídos, los que se hacen los distraídos y otros.

Se generan acciones y acalorados debates. Muchos de ellos con honestidad intelectual y aportan; otros que sólo canalizan broncas y hacen catarsis; y otros que amparados por el desenfado y ocultamiento que otorgan las redes, dicen cualquier cosa, irresponsablemente, alimentando enfrentamientos, rencores, sacando afuera lo peor de cada uno.

Muchos de estos comentarios son vehiculizados por los medios, en los foros, que los utilizan para expresar barbaridades, que en ocasiones no pueden decir oficialmente; y no se hacen cargo, al hacerlos públicos, de lo que allí se vierte, permitiendo que salgan a la luz posiciones xenófabas,  fascistoides, misóginas, machistas, etc.. y que no hacen otra cosa que fomentar el odio, y en muchos casos, lisa y llanamente, hacen apología del delito.

Habrá que debatir los límites de estas publicaciones, fundamentalmente porque  se esconden en el anonimato y no permiten que nadie se haga responsable de esas palabras.

Esta semana el tema fue el horrible crimen de Micaela.

La primera reacción social se centró en el Juez Rossi, en su decisión de permitir la libertad condicional de Wagner.

Esta mirada punitiva, se fijó en los años de condena, el uso de los informes penitenciarios, la interpretación del código penal. Se utilizó el debate para pedir más mano dura, haciendo creer que el castigo en sí mismo puede resolver la cuestión.

En una vuelta de tuerca el colectivo Ni una menos,  rápidamente acertó en publicar acerca de la responsabilidad del Estado con sus políticas de la prevención de la violencia de género, sus políticas e intervenciones en los servicios penitenciarios, el debilitamiento de los programas de Educación Sexual Integral. Hizo un llamamiento a una política de prevención, para que no dependa del código penal, que actúa cuando el delito ya ocurrió, y llamó a desarrollar políticas integrales para abordar un problema complejo, con un compromiso real.

La reforma del código penal ocupó luego el debate. Las voces en pugna, entre otras, fueron las del ex ministro de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, y la respuesta del actual ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, respecto del anteproyecto del código penal de 2014.

Zaffaroni afirmaba que hubiera sido posible evitar el crimen, de haber prosperado la reforma, que contemplaba las circunstancias de máxima gravedad de los delitos por: “inusitada crueldad del medio utilizado o del modo de comisión, o la vulnerabilidad de la víctima, en hechos contra la vida, la integridad física, la libertad o la integridad o libertad sexual”.

Para luego referirse que en estos casos, el anteproyecto tomaba en cuenta que:  “el juez sólo podrá disponer el reemplazo, previo informe de tres peritos como mínimo, designados por el juez, y propuestos por el propio juez, el Ministerio Público y la universidad nacional más cercana”. En contraposición al uso que hizo el juez Rossi, acerca del informe del servicio penitenciario.

Garavano cruzó a Zaffaroni, diciendo que:  “la misma Cristina no se animó a llevar el proyecto de Zaffaroni al Congreso porque tenía una serie de defectos estructurales gravísimos… no se le puede echar la culpa a Massa ni a nadie porque el proyecto bajaba las escalas penales de muchos delitos muy graves”.

El columnista del diario La Nación, Joaquín Morales Solá, salió una vez más a operar políticamente, acostumbrado a la simplificación de los hechos y a exaltar las consignas facilistas, dijo que: “existe claramente la intención de la Justicia de cuidar más los derechos del delincuente que la vida de las futuras víctimas”.

Como la otra simplificación que fue realizada, cuando se habló de la cuestión de la duración de las penas. Se decía que debiera corresponder en estos casos una mayor duración de las condenas; pero por otro lado se alega, que aunque el delincuente cumpla más años, no impide que vuelva a cometer el mismo delito, más aún saliendo de éstas cárceles, pero más tarde.    

Quedó expuesto así un debate “garantismo” vs. “mano dura” que se reprodujo en distintos medios, y  que sólo alimentó una nueva pulseada, a partir de los posicionamientos ya tomados de antemano, en ambos lados de la “grieta”.

También surgió otro debate, más profundo, el que llevó a pensar que hay una tarea difícil pero urgente, que es modificar: el rol del sistema carcelario, que alimenta más la misoginia y la violencia; la justicia penal; los jueces, la policía; el régimen punitivo, como única respuesta al los graves problemas sociales; la justicia no feminista; la “colonización” cultural del sistema judicial y tantos otras cuestiones que no son más que la consecuencia de las grandes injusticias sociales, de una sociedad que sostiene y reproduce las desigualdades.

Por último se dio lugar para la intimidad de la familia de Micaela, exhibiendo sus realidades, sus luchas cotidianas, sus sueños, para que otra vez, se ocuparan los medios, de banalizar y ocultar la dureza de la realidad.  

Zaffaroni publicó en una nota del diario Página 12 del martes 11 de abril: “Las consecuencias de jugar en baja política” que: “Creo que toda persona sensata estaría de acuerdo en que la política debe tener algún límite ético y, fundamentalmente, que no se puede jugar con la vida humana. Transgredir ese límite es grave y alimenta la antipolítica que, como sabemos, es el preámbulo de cualquier aventura irresponsable”.

Creo que mucho de esto se ha jugado en este tiempo. En muchos de los conflictos. Cabe preguntarse cuánto de aporte en las diferentes acciones hay para sumar a la construcción política (única herramienta de transformación), para alcanzar una sociedad más justa, solidaria y equitativa.

Y cuánto de aporte para sumar a la antipolítica, que siempre llevó a la desprotección de los más vulnerables y castigados de nuestra sociedad.

Quizá haya algunos sectores del poder,  que en el horizonte de su inviable representación política, ensayada en esta etapa, estén pensando en fomentar una nueva cultura de la antipolítica, forjando estructuras institucionales y democráticas formales, vacías de contenido, para que otros puedan pensar y decidir por nosotros.

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