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La bandera: un símbolo para la recuperación permanente

Hoy 20 de junio se conmemora en el aniversario del fallecimiento de Manuel Belgrano, el día de la bandera: un símbolo que despierta valores, emociones o indiferencias. Valen algunas reflexiones para hacerse en el feriado.

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Vamos por partes y empecemos de cero: La fecha de hoy convertida en efeméride y feriado Nacional, remite al 1820, cuando fallecía Manuel Belgrano. Destacado protagónico en nuestra historia, Belgrano fue un brillante economista, precursor del periodismo, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social.

Creador de la bandera  un 27 de febrero de 1812, con los mismos colores de la escarapela, que había propuesto poco antes y que se la presenta por primera vez, en Rosario a orillas del Paraná.

Por ley del Congreso Nacional en 1938, bajo la Presidencia de Ortíz, es feriado nacional. A partir del 2011, es uno de los feriados inamovibles.

La notable figura de Belgrano, se la unifica en esta fecha, a la bandera, por ello se refiere al 20 de junio como día de la bandera.

Acaso podría ser un símbolo en sí mismo el desdibujamiento de su figura, a propósito del feriado, para intentar enaltecerlo por la creación del símbolo y no por el contenido que representa. Se funde su figura y la bandera.

Los símbolos patrios remiten valores y estímulos emocionales. Los primeros son reivindicados por distintos sectores contradictorios entre sí: desde las dictaduras que violaron nuestros derechos y la entregaron, hasta los legítimos gobiernos populares que los consagraron.

En cuanto a los estímulos emocionales están a la vista: aparecen en todos los eventos deportivos, como así en los actos escolares, discursos y sucesos de ocasión.

Pero es necesario recuperar sus valores fundacionales, de la mano ni más ni menos que de su creador.

Rechazar el vaciamiento de un símbolo, que lleva como a los otros, a que nuestros niños y jóvenes se desapeguen de ellos, ausentándose de sus conmemoraciones, evitando cantar el himno o evadir ser sus portadores como abanderados.

Estos valores deben ser asociados en efecto, con la figura de Belgrano, pero en razón de su carácter de pensador crítico, innovador y revolucionario. El hombre que vive coherente entre sus pensamientos y sus actos.

Por sus posiciones respecto de la codicia y su sensibilidad social. Por el rol que le otorgaba a la industria nacional y el trabajo local, la educación popular o por ser el primer impulsor de una reforma agraria. Por su lucha contra los poderosos y el imperio. Por ese espíritu de rebeldía que acompaña por naturaleza el alma de cada uno de nuestros jóvenes y niños y que debemos exponer con este símbolo.

Y a no enaltecer el valor, como héroe de la patria, el hecho que Belgrano murió pobre. Porque como lo señala Felipe Pigna: “Los ricos de la Argentina, enriquecidos a costa del país y del trabajo de su gente, se enorgullecen en decir que Belgrano murió pobre. Según sus leyes de la obediencia y el ejemplo, no hay nada mejor para los demás que morir pobre. Aprender a morir como se nace, sin disputarles los ataúdes de roble, los herrajes de oro, las necrológicas de pago y las exclusivas parcelas en los cementerios privados, es una gran virtud, en la escala de valores de los que viven de la Bolsa de valores.”

Es bueno desconfiar de aquellos que enaltecen símbolos vacíos, devociones que exaltan sólo emociones para exponerlas en los eventos deportivos.

Seguramente están convencidos que pueden unificarnos así, detrás de sus proyectos.  Ya lo intentaron muchas veces. Con Proyectos que defienden sus intereses.

Bueno es que recuperemos permanentemente nuestros símbolos, para defender nuestros proyectos colectivos sin exclusiones. No cedamos nuestros símbolos, con ellos ayudamos a creer y a crear por nosotros mismos. A potenciar nuestras virtudes y esfuerzos. Nuestra soberanía y nuestra historia . La tarea es dotarlos de contenidos.