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Crítica de “Mono con Gallinas”

Viendo el tardío estreno en Argentina de “Monos con Gallinas” la película ecuatoriana proyectada el jueves 27 en la sala auditorio de COTESMA, hay dos cosas sobre las cuales el espectador carece de información: el potencial del cine ecuatoriano y el contexto en el cual se desarrolla la historia, que lamentablemente, la película no explica. Respecto a la primera cuestión, si bien el cine ecuatoriano hizo sus primeros pininos por los años 20, recién para la década del 90 pasó de la adolescencia a la edad adulta con películas como “Ratas, ratones, ratero” del excelente director Sebastián Cordero que también ha presentado en octubre del año pasado su última película “Sin muertos no hay carnaval” dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Morelia en México. Es más, en estos días se van a estrenar en Ecuador tres películas que son óperas primas de directores jóvenes; “Horas exhaustas” de Leandro Sotomayor, “Quijotes negros” una farsa con tintes surrealistas, de Sandino Burbano y “Mala noche” de Gabriela Calvache. “Monos con Gallinas” está dentro de esta camada de directores jóvenes y es la ópera prima de Alfredo León León. Los amantes de películas bélicas se llevarán un chasco por que no tiene la grandilocuencia del cine yanqui con explosiones y soldados que vuelan por el aire. Todo lo contrario, “Monos con Gallinas” es de un carácter casi intimista y minimalista que se evidencia en los primeros planos y planos cortos y el aprovechamiento de planos abiertos de la selva amazónica donde no es necesario recrear una época. Y acá viene la segunda cuestión de la se habló al principio de este comentario; “Monos con Gallinas” narra la historia de Jorge, un muchacho de 18 años, en plena ebullición de sus hormonas que sometido a la autoridad de un padre riguroso y machista, cree encontrar su destino reclutándose en el ejército en un momento en que Perú y Ecuador como consecuencia de su secular disputa territorial y por falta de fronteras reconocidas, luchan en la denominada Guerra del 41 o también guerra peruano- ecuatoriana de 1941. El título del film obedece al mote que recibían los peruanos (gallinas) de parte de los ecuatorianos (monos) y
viceversa. En ese contexto Jorge y un grupo reducido de reclutas deben someterse a un sargento que en ausencia de su jefe superior imparte disciplina e instrucción militar. A lo largo de la película el director recurre frecuentemente a elipsis que deja al espectador con un vacío de información que solo conocen los ecuatorianos y peruanos por razones históricas. Jorge y un compañero son tomados prisioneros de los peruanos y a partir de esta situación se desarrolla la segunda parte de la historia con una carga dramática más intensa. El testimonio documental del abuelo del director hace más creíble la historia si bien León León ha construido el relato en base a algunas anécdotas. Lo demás es ficción. Muy buena la banda de sonido compuesta por Sebastián Escofet apoyando cada una de las secuencias, en cambio la fotografía de Daniel Avilés Escobar se vio empañada por la mala calidad de la copia totalmente lavada, sin contraste ni color. En definitiva, una película que merece ser vista de una cinematografía emergente.

Por Miguel Krebs

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