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No apta para todo público. Crítica de la película Zama


Por Miguel Krebs –

Título original: Zama (Argentina, Brasil, España, Francia, Holanda, México, Portugal, Estados Unidos). Guión y dirección: Lucrecia Martel. Elenco: Daniel Giménez Cacho, Lola Dueñas, Matheus Nachtergaele, Juan Minujín, Rafael Spregelburd, Nahuel Cano, Mariana Nunes y Daniel Veronese. Fotografía: Rui Poças. Edición: Miguel Schverdfinger y Karen Harley. Diseño de producción: Renata Pinheiro. Sonido: Guido Berenblum. Distribuidora: Buena Vista International. Duración: 115 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas.

Quien pretenda ver en Zama una película de estructura clásica y convencional se llevará una sorpresa porque su virtud reside en el atractivo estético de la imagen y el sonido más que en la narración. Esperaba una trama lineal de época y traté durante la primera media hora armar el rompecabezas de la historia de Don Diego de Zama funcionario de la Corona española varado durante meses en el Paraguay a la espera que el gobernador le envíe una carta al rey Carlos IV pidiendo su traslado a Lerma. El personaje de Zama magníficamente interpretado por el actor mexicano Daniel Giménez Cacho resiste perfectamente el acoso de la cámara en los primeros planos trasluciendo su hastío y fracasos con su sola mirada o por ese rictus casi imperceptible de su rostro. Seguramente muy poca gente ha leído la novela de Antonio Di Benedetto que permita entender algo más de la muy personal adaptación de su directora Lucrecia Martel que por momentos raya el surrealismo como en la secuencia en el promiscuo “despacho” del gobernador (Daniel Veronese) frente a Don Diego de Zama preguntando por la carta al rey, en el que ronda una llama como si fuera un perro e incluso se detiene frente a cámara atendiendo al diálogo. Las imágenes del director de fotografía portugués Rui Poças evita recurrir a fuentes de luz artificial (candelabros como en Barry Lyndon de Staley Kubrik) aprovechando la tecnología digital para reproducir la atmósfera nocturna en los interiores. El trío conformado por Rui Poças, la directora de arte blasilera Renata Pinheiro y el diseñador de vestuario Julio Suarez supieron interpretar los climas que Lucrecia Martel imaginó para su película, a veces caóticos, por momentos oníricos. Además llama la atención el anacronismo entre la banda musical y la historia, con temas muy conocidos interpretados por los Indios Tabajaras. Como encabecé la nota, Zama no es apta para todo público, es más, tampoco creo que ganará el Oscar para la que fue seleccionada representando a nuestro país debido, según mi punto de vista, a su carácter poco comercial. En definitiva Zama es una película para satisfacer el goce estético frente a una obra de arte.

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