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Familiares, amigos y vecinos lamentan la pérdida de una vida por la falta de una sala de terapia intensiva

San Martín de los Andes – Hace 2 meses RSM publicó la nota donde se hacía hincapié en la necesidad de tener una Unidad de Terapia Intensiva (UTI), y el poco interés político que existe por parte de la gobernación y las autoridades de la salud para contar en la ciudad cabecera de la Zona Sanitaria IV, una UTI. Ya que la misma comprende las vecinas localidades como Junín de los Andes, Villa la Angostura, Las Coloradas y otros asentamientos dispersos como Villa Traful, Villa Lago Meliquina, y diversas comunidades aborígenes.

En los últimos días se despidieron los restos de una joven de 36 años que producto de una operación de vesícula que se realizó en una clínica privada, la joven se descompensó y a raíz de diversos problemas en su organismo, el cuadro de salud empeoró. Como fue derivada al Hospital Ramón Carrillo, que no cuenta con una sala UTI, debieron trasladarla a Buenos Aires de urgencia. Lamentablemente al momento de trasladarla su estado fue tan crítico que su cuerpo aguantó hasta donde pudo. Fernanda era chef, y tenía todo una vida por delante para demostrar cuánto había aprendido, y lo profesional que era. Quienes la conocimos, sabíamos que era así. Pero Fernanda falleció. Falleció por la mezquindad de la clase política, y por la falta de decisión política para querer en caso de necesitar, contar con una sala donde se pueda salvar vidas. No se sabe a ciencia cierta si haber podido entrar en una sala de Terapia Intensiva a tiempo le hubiese salvado la vida a Fernanda. Lo cierto es que la sala no está y poder contar con ella quizás la historia hoy sería otra.

No hay muchas más palabras de las que escribió un vecino de nuestra ciudad. Mario Muglia escribió en su cuenta de Facebook, lo que muchos sentimos. Ojalá sirva de algo, saber que no se puede esperar más. Que hasta que se inaugure el nuevo Hospital, pueden haber muchos más casos como éste.

Este es el texto:

Fernanda
Ayer despedí, como muchos, a una mujer joven y buena que partió definitivamente de este plano.
Mucha gente también la despidió. Muchas flores se colocaron en su lugar de abrigo y esto significó que su presencia en vida fue la alegría de muchos y el cariño de tantos.
Conocí a esta joven mujer desde su niñez pues proviene de viejas familias de San Martín. Creció junto con mis hijos y por ello lloraron tanto su partida. Fue alumna de mis cursos durante mi estancia en el Colegio Secundario y conocí su perfil bondadoso e inocente y su preocupación por el aprendizaje.
Siguió sus estudios después de terminar el secundario y terminó un terciario con el título de “chef”. Título este que lo lucía y practicaba con honestidad y orgullo.
Fernanda transitaba sus treinta años y gozaba de su buena salud y de un trabajo estable que por el decir de muchos lo hacía con profesionalidad y honradez.
Por su juventud tenía, como se dice vulgarmente, toda una vida por delante. Pero el destino, ese libro que no tiene hojas pero dicen que está escrito, hizo que las circunstancias le depararan un final más próximo.
No quiero utilizar su partida como una “crítica”. Pero a mi juicio lo que le sucedió es emblemático para nuestra sociedad de San Martín.
Fernanda tuvo una intervención quirúrgica, de las llamadas comunes, en un quirófano fuera de nuestro hospital y a pesar que la intervención salió aparentemente bien, algo no funcionó en el posoperatorio. Lo cierto es que terminó en nuestro hospital y su cuadro se agravó de tal manera que se decidió su evacuación, pero no se pudo realizar por su estado crítico. Una hermana radicada en Buenos Aires decidió venir a San Martín y con ella traer un médico de su familia cuya especialidad es terapia intensiva. Llegados a San Martín y ya en el hospital los médicos colegas pusieron a disposición todo lo que tenían pero la situación era crítica, a pesar de ello fue estabilizada. El médico de la familia decidió el traslado a Buenos Aires y por medio de un avión sanitario y con grandes esfuerzos para que llegara con vida, lograron el arribo y su internación en terapia intensiva en un hospital de alta complejidad.
Lamentablemente su estado era tan crítico que su cuerpo soportó lo que pudo y finalmente falleció. Fernanda entró en coma estando en San Martín y nunca despertó.
Porqué digo “crítica”, porque si nuestro hospital contara con una sala de terapia intensiva y por supuesto el equipo médico que la atendiera, quizás Fernanda estaría con nosotros.
Porqué digo “crítica”, porque el hospital Ramón Carrillo se inauguró hace más de cuarenta años y no hace mucho se incorporó una sala de cuidados intensivos.
Porqué digo “crítica” porque desde hace apenas un año se comenzó a construir un hospital que dicen es de alta complejidad.
Podría seguir definiendo el porqué del uso de la palabra crítica pero llegaríamos a lo de siempre: “tan pronto sucede una desgracia nos acordamos de las necesidades para que no vuelva a suceder”.
San Martín de los Andes, Junín de los Andes y Villa la Angostura conforman un polo de desarrollo turístico importante a nivel nacional e internacional. Transita mucha gente y las actividades que se realizan no son siempre de simples paseos sino que tienen sus riesgos. Dentro de lo que son políticas de estado, lo apuntado tiene que ver con la salud y los casos riesgosos definen un tratamiento hospitalario de primer nivel.
Personalmente no quiero que se den más casos como el que comenté. No quiero que se pierdan vidas jóvenes de la manera relatada y menos que se pierdan vida aún más joven. No quiero que se decida la construcción de un hospital en función de campañas políticas. Y finalmente no quiero que el hospital que están construyendo (pagado con nuestros aportes) se detenga por falta de dinero o por problemas sindicales.
Tendríamos que vigilar constantemente la marcha de la obra y denunciar si la misma se detiene.
Y volviendo a Fernanda, quizás ella fue un ángel mensajero para avisar que, quienes conducen los destinos de nuestra sociedad aprenda de errores pasados y finalmente se digne a pensar sabiamente en la responsabilidad que les cabe.

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