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La casa está en orden

El día después de atravesar una jornada bisagra en la historia nacional, el Presidente Macri aseguró que: “En la Argentina se vive un clima de paz”. Sin embargo ya nada será como antes.

La jornada del lunes dejó un claro escenario político, donde el gobierno jugó una fuerte carta simbólica para trazar el camino por el cual vino, y que se propone recorrer. Simbólica porque ni siquiera puede tildarse la votación del Proyecto de Reforma Previsional, como una pieza estructural en el plan de gobierno, sino apenas unos artículos que modifican un balance contable, que permiten reasignar recursos, obtenidos de un lado y asignarlos a otro.

Pero lo concreto es que se elige debitarlo del sector más vulnerable, (los jubilados, pensionados, las asignaciones universales por hijo AUH), para ni siquiera empezar a resolver el déficit fiscal o el previsional. El objetivo es que el balance de cero, después de facilitar la compensación del presupuesto en el lugar más preciado para la batalla política que viene: el territorio Bonaerense; con la principal esperanza de garantizar la continuidad a este modelo político – económico que se instaló desde el 2015.

Pero viene además a cumplir una expectativa, que fue planteada por el Fondo Monetario Internacional en su documento de noviembre de 2016, para demostrarle que “Sí, se puede!”.

El plan de gobierno cierra con crecimiento genuino, ya que nadie duda cómo puede chocarse, más temprano que tarde, si se perpetúa en el tiempo el endeudamiento externo que hoy equilibra el déficit.

Por ello todavía siguen convencidos que hay que seguir dando señales, para las inversiones que prometieron y nunca llegaron, y la “vuelta al mundo” que hoy sólo aparece de la mano de la especulación financiera y la fuga de capitales.

En este sentido fue esta ley, votada finalmente por el Congreso, la piedra fundamental (a propósito si de piedras se trata) desde donde se pretende dar las señales que demuestren que “Sí, pueden!”.

Es el inicio del camino, el ensayo esperado, convencidos que es ahora o nunca, luego del impulso que le dieron las urnas allá por octubre.

Pero no es la única señal que se activa, también hay otra adyacente, que es la del orden y la mano dura.

Interpretan que para ello hay consenso social y rédito político si se las aplica, como quedó demostrado con lo ocurrido con el caso Maldonado y Nahuel.

Por ello sin dudas, aquellos grupos que dicen enfrentar mediante la violencia al gobierno y su proyecto, tan sólo han sido funcionales a su estrategia.

De otro modo no puede entenderse el resultado obtenido con las imágenes del escenario violento, donde además se logró invisibilizar en gran medida la afluencia de tanta gente que acudió pacíficamente a la marcha para manifestarse (se calculan unas 500.000 personas) dentro y fuera de las más diversas organizaciones que conforman la nueva oposición unificada para esta medida.

Este es el resultado más ostensible que dejó la jornada. La mayoría de medios cubriendo la violencia y la represión, escondiendo las imágenes de la multitud en la plaza. Y el silenciamiento de los argumentos esgrimidos en el recinto, de los diputados de la oposición durante más de cuatro horas de exposiciones, que casi nadie pudo escuchar.

Y finalmente la aprobación de la ley que se intentó dejar en segundo plano.

No hay modo de pensar en el error de concepción política, que estos grupos violentos pudieron tener, se trata seguramente de una porción muy minúscula permeable de ser infiltrada por verdaderos profesionales.

Sin embargo ha sido al fin y de cualquier modo un gran error político del gobierno. Aquí se planteó una ley indefendible, que suscitó amplios rechazos en propios y ajenos; una inoportuna exposición a una confrontación innecesaria, con un ajustado número de diputados, y en un momento desacertado del año; por lo que tuvo en definitiva un alto precio en concesiones y un alto costo político. Pero además seguramente se dilapidó muy rápido, parte del caudal electoral que hace tan poco se obtuvo.

Se favoreció además un principio de unidad de la oposición, cuya dispersión había sido una ventaja esencial, hasta aquí para el gobierno.

Ni hablar sobre el desgaste y por qué no vergüenza a la que se expuso a los diputados aliados, presionados por el látigo y la caja, que tendrán que dar cuenta frente a sus electores a la vuelta en sus comarcas.

También por el contrario, las imágenes vistas en ambas jornadas parlamentarias, pueden atraer algún aislado inversor, quien mira seguramente con mayor asombro, como el propio ministro de economía resguarda el 90% de su capital en el exterior, según su última declaración jurada, o como gran parte de los funcionarios o sus familiares  blanquean el dinero evadido sin atinar en repatriarlo.

Es por ello que el escenario planteado y lo sucedido, constituyen una bisagra para el gobierno, donde ya nada será como antes, porque está claro ahora, para una porción cada vez mayor de la población, que no se trata de ningún Cambio que vino a plantearse, sino tan sólo, más de aquello mismo, que alguna vez ocurrió en nuestro país, y que hoy, con este Proyecto de ley, se expuso con tanta claridad.

Una minoría convencida de ser el único generador de riqueza, para un supuesto posible desarrollo sin equidad, que pretende beneficiarse a costa de las grandes mayorías, donde además como si fuera poco, son en este caso, los sectores más desprotegidos y vulnerables de nuestra sociedad, como los niños y los abuelos.

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