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“Cuando los niños aprenden a nadar, el verano en nuestra ciudad se hace más disfrutable”

San Martín de los Andes – Uno de los miedos más frecuentes entre padres y madres durante el verano está vinculado al hecho de que sus hijos todavía no aprendieron a nadar. Y teniendo en cuenta este entorno rodeado de lagos y lagunas, resulta fundamental ocuparse de anticipar cualquier peligro y fomentar el aprendizaje de la natación.
Es muy común que haya niños con miedo al agua y que no se muestren dispuestos a tocarla siquiera. Sin embargo, es tarea de los adultos a cargo propiciar espacios de confianza en los que esos niños puedan afrontar respetuosa y amorosamente el desafío de nadar. Claro que esto supone la superación paso a paso de diversos retos personales. Uno de los primeros es el de sumergir la cabeza en el agua y reconocer la sensación que ello produce, asimilando la idea de que nada malo ocurre si se mantiene la calma y se exhala el aire por la nariz. No se debe apurar ese primer paso; es necesario que el adulto acompañante sea respetuoso con los tiempos de cada niño justamente para inspirar seguridad y confianza. Resulta fundamental aprender conscientemente a tener el control del cuerpo abajo del agua, sumergir la cabeza y cobrar la confianza suficiente como para adquirir la seguridad que posteriormente puede llevar al disfrute por el deporte acuático.
En los niños más pequeños esto se logra – en la mayor parte de los casos – a través de un mediador adulto que contenga física y emocionalmente a quien se inicia. Manuel, uno de los Profesores responsables de la Escuela de Montaña Sport Tracks, sostiene al respecto que “es importantísimo que el niño sienta que puede; que se sienta valorado en cada uno de sus logros; también es importante, dentro de lo posible, que aprenda en una pileta o en un espacio que no sea tan abrumador y frío como la inmensidad de un lago. La pileta siempre brinda mayores seguridades, no solamente por su tamaño sino además porque – siempre que el niño acuda a ella en compañía de algún adulto responsable – permite la práctica de prueba y error y una mirada que sin juzgar, acompaña y propone desde lo lúdico. Cuando los niños aprenden a nadar, el verano en nuestra ciudad se hace más disfrutable”.

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