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El peligro del doble discurso

La nueva política transita por carriles diferentes poniendo en peligro el tejido social. Por un lado se establece un discurso que crea una ilusión. Por otro lado aparecen acciones en contradicción, donde se exponen fuertes contrastes.

A medida que se desarrollan las acciones de gobierno, se contrastan las diferencias entre un diseño de campaña (bajo la arquitectura de su asesor principal Durán Barba) y las acciones que por ejemplo aparecen del mismísimo ministro de trabajo de la Nación.

No son las únicas que viene percibiendo la sociedad: desde aquellos decretos presidenciales inaugurales, que pretendieron ubicar a los dos jueces de la Corte Suprema, las sociedades offshore, los Panamá Papers, el blanqueo de capitales para familiares de funcionarios (decreto que permitió blanquear entre otros, al hermano del presidente, una suma altamente sospechosa), la negociación de las deuda del Correo Argentino, que pertenecía a la familia presidencial,  las acciones de Shell del ministro de energía (ex Ceo de la compañía), las cuentas (legales) de gran parte de los funcionarios que siguen colocadas en el exterior, al tiempo que se propician las inversiones de capitales extranjeros, y tantas otros comportamientos; hasta la llegada de esta burda situación del ministro Triaca.

Quedó así expuesto nada más ni nada menos que el ministro de trabajo, en momentos que su cartera impulsaba la ley de reforma laboral, que propicia entre otras cosas la disminución del empleo en negro. Aparece justo allí el contrato irregular de su empleada doméstica, un despido cuanto menos desprolijo y por si fuera poco, la ubicación laboral  de la misma, en un sindicato intervenido por el propio ministerio para compensar un aumento de sueldo.

La lista de contradicciones es incompleta, faltarían agregar los numerosos “errorismos” cometidos  y reconocidos por el propio gobierno, desde un comienzo, como así también  las impericias del caso Maldonado, el asesinato de Nahuel en Villa Mascardi, el caso del submarino ARA San Juan y así, hasta la ley de reforma previsional (contenido, forma y oportunidad) entre tantas.

Por un lado se compone un escenario de Cambio, en el que se pretende incluir la transparencia, honestidad, previsibilidad, confianza, trabajo en equipo, seguridad. Pero por el otro, aparecen como en aquellas imágenes del “backstage” de una película, el detrás de escena. Es allí donde la sociedad empieza a percibir el carácter esencial del  gobierno.

No por casualidad las encuestas de opinión (incluso aquellas que presentan los medios oficialistas, como la que aparece hoy en el diario Clarín) hablan de la caída de la imagen presidencial, de la gestión de gobierno y del pesimismo en la gente sobre la economía que vendrá (Click aquí)

Las encuestas dicen además, que el estigma principal que suele atravesar el gobierno (y que no puede revertir), es la percepción mayoritaria que se trata de “un gobierno de ricos que gobierno para los ricos” y en efecto, desde las medidas tomadas para dar rumbo al gobierno, hasta el audio filtrado con los insultos del ministro a su empleada doméstica, no parecen desmentirlo.

Solamente la polarización instalada con el modelo anterior, permitió que una parte de la sociedad  venga tolerando les contradicciones reinantes, pero también especialmente, hay una amplia capa de la clase media que viene soportando políticas concretas que las perjudican, de la mano de los abusivos aumentos de tarifas, los despidos, la continuidad del impuesto al salario (ganancias) o los techos en las paritarias que procuran la pérdida del poder adquisitivo del salario, frente a una inflación que no cede.

Esta polarización impuesta, parece hasta ahora, sigue ofreciendo sus réditos: todos los temas de coyuntura “obligan” a un alineamiento, antes que cada uno se siente a realizar un análisis de situación.

Sucedió con el caso Maldonado, con la Reforma Previsional y los sucesos violentos ocurridos allí; y también con la presencia del Papa en Chile y Perú. No importan la verdad de los hechos, no importan las opiniones; se toma posición de antemano según el lugar de la “grieta” donde cada uno se ubica.

Ahora bien, no todos toman posición con “disciplina castrense”. Existe un vasto sector mayoritario que recorre caminos alternados, que navega por las realidades cotidianas, se concentra en su conflictividad personal del día a día (que nunca es poca) y para colmo de males, se informa esporádicamente y en general a través de las redes sociales, que recortan, deforman, degradan y manipulan la realidad (pública y privada).

A propósito, esta semana la famosa red social Facebook reconoció sobre los  perjuicios que trae para la  democracia, algunos coletazos del su uso de la red, al tiempo que se comprometió públicamente a trabajar para minimizar los efectos que produce (Click aquí).

Este combo de medios hechos y medidas pone en peligro el tejido social.

Se propicia (con o sin intención) desprestigiar a la política, primero desalentando una democracia participativa, en reemplazo de una “administrada” por ejecutivos y “expertos”; luego se generan ilusiones de cambios mágicos que al no verse reflejados en la realidad, producen frustraciones, al contrastarse en forma incongruente con las acciones desplegadas.

Al mismo tiempo se aplican políticas inequitativas, donde se piden esfuerzos a los que menos tienen, mientras que las clases acomodadas siguen despilfarrando grotescamente los recursos, siempre finitos, por medio de la bicicleta financiera, la fuga de capitales, el uso  de la apertura indiscriminada de las importaciones, el financiamiento en dólares de las vacaciones en el exterior, las compras etc..).

La falta de aparición de la estructuración de una oposición que refleje una alternativa válida, también colabora.

El peligro es el vacío que genera el doble discurso y todos estos condimentos en la sociedad, dando lugar a crisis de valores; falta de esperanzas; degradación de los lazos solidarios que facilitan proyectos; eliminación de identidades; incremento de las desigualdades.

Ingredientes que pueden dar lugar al peligro que ese espacio vacío sea ocupado por fanatismos repentinos, discriminatorios; que reemplacen la disgregación, la desilusión y el abandono, por una parálisis social, que produzca una falsa cohesión que nos doblegue y someta.

Y como en aquella imagen cinematográfica de terror, del beso de Drácula, con el descuido, nos extraiga también la riqueza……de nuestra sangre.

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