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Siempre es hoy

Por: Atena Quintella

Todo principio de año tenemos el hábito de reflexionar e inquirirnos con respecto a logros y derrotas, pérdidas, ganancias, desafíos, promesas, sueños, esperanzas… haciendo una especie de Sinopsis con lo que pasó en nuestras vidas. Un balance bastante apropiado en esa y en todas las épocas de la vida. Pero quizás lo importante a considerar sea la forma en la cual lo hacemos, porque allí está nuestro script  o guión para orientarnos en los próximos capítulos. 

Es divertido ir al cine y observar, mientras la pantalla nos brinda una linda película romántica, algunas parejas haciendo comentarios comparativos como: – ¡Ves! Vos nunca hiciste eso o aquello…  nunca me vas a amar así… ¿Porque no actúas de esa forma conmigo? Blaá, blá, blá… Es fácil conjeturar la historia que vivimos enfocándose en lo que no sucede o no se tiene, desconsiderando lo positivo y proyectarla en una gran pantalla remontando solamente desilusiones… La  escena que criamos, al final, se convierte en un trágico drama Al estilo mexicano.

Cito ese ejemplo porque, si uno va a comparar su vida amorosa con una película “romántica”, hay que ser justos. Punto. Nos ponemos a editar nuestra historia de amor, mostrar en la pantalla todos los mejores momentos, las risas, los mimos y el enamoramiento con todo lo que nos cautivó… ¿Se torna una Película Digna de Oscar o no? Romántica, autentica e inverosímil a su vez. Y si fuera una comedia, suspenso o terror, seguramente también serian premiadas.

La pregunta Es: ¿Al proyectar nuestras vidas, que es lo que vamos a elegir destacar de importante y en primer plan?

Hacer comparaciones muchas veces es injusto y dañino para uno mismo. Y tener expectativas basadas en otra realidad y contexto, resulta casi siempre en frustración, porque son proyecciones ficticias que nos llevan a apuntar los reflectores a lo que desagrada o nos hace sufrir, en críticas, ejemplos implacables, comparaciones sin sentido, quejas, desilusiones, errores, lamentos, culpas, dolores… Y Al final te convertís en villano de sí mismo, víctima de su propia historia, la misma que elegiste proyectar usurpando lo positivo, editando y censurando los buenos momentos.

Si la imaginación es el principio de nuestra realidad ¿Por qué no enfocarse en los sueños conquistados, los por conquistar, los logros y enseñanzas provenidas del sacrificio, de las batallas vencidas o no… en las esperanzas, en el optimismo, y no en ilusiones ficticias y expectativas insólitas? Al final, lo importante es lo que se aprende, se aspira, se dedica, se da… porque eso es lo que llevaremos de este año, ¡y de esta vida!

Lo que queremos para siempre hay que practicarlo hoy. Para planear lo poco que nos toca (porque lo demás es obra divina) y proyectar lo mejor de nosotros, conviene no concentrarse en el final, sino en saber interpretar lo mejor del camino para complacerse con una vida real y única como nuestra existencia.

Que hagan una trayectoria digna de película, de esas que te hacen reír y llorar, emocionarse, entretenerse y olvidarse de lo que no es importante, y en el final, nada de FELICES POR SIEMPRE, PORQUE EL SIMPRE ES HOY Y “SIEMPRE” NO SUCEDE TODOS LOS DÍAS.

Solo hay que agarrar el control, poner Play, y a disfrutar…

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