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Entrevista exclusiva a Rubén Magnano: “Intento no sentarme en la historia”

El técnico con que la selección argentina de básquetbol salió campeón olímpico y sub campeón mundial, Rubén Magnano, visitó San Martín de los Andes invitado por los Zorros. Atendió este sábado a la mañana en el gimnasio municipal de El Arenal a la prensa y luego brindó un histórico entrenamiento a las categorías formativas, de 13 a 17 años, de dos horas y media, dejando su huella, tal como lo hizo con la Generación Dorada, en los jóvenes de nuestra ciudad.

Por la tarde, dio una charla abierta a jugadores y dirigentes de la región. Todas las actividades fueron gratuitas. Realidad Sanmartinense entrevistó a este destacado entrenador antes del inicio de las actividades y comenzó así sus declaraciones.

Rubén Magnano: Quiero felicitar a los dirigentes de este club por el trabajo que hacen, se habla mucho de jugadores, se habla mucho de entrenadores y se habla poco de estos dirigentes, dirigentes que no están en la vidriera pero que son la fuerza viva del básquetbol. Yo digo siempre en mis charlas que ojalá existan miles de Lunas de Avellaneda, y esta es una de ellas. Donde muchas veces sin querer, los papás demuestran con sus acciones un valor muy importante para que esto suceda, que es el compromiso. Los chicos sin querer se van educando bajo un maestro muy grande como lo es el compromiso. Y se transforman en niños, adolescentes, jugadores, por qué no equipos, sociedades, comprometidas. Y es ese tipo de sociedades la que más cerca está de los objetivos que se propone, ya sea un partido, un campeonato o lo cualquier otra cosa.

Yo digo siempre en mis charlas que ojalá existan miles de Lunas de Avellaneda

RSM: Hoy va a estar entrenando a un grupo de chicos de las categorías formativas que han estado motivados, incluso al día de hoy, por la Generación Dorada. ¿Cómo impactó esta generación en el desarrollo del básquet en el país desde el modelo que ustedes impulsaron?

R.M.: Sin lugar a dudas fue un gran agente multiplicador; realmente no se si se usufructuó en el porcentaje que se merecía. Yo las estadísticas no las tengo, pero por comentarios hechos en diferentes federaciones, el caudal de niños y jóvenes que se acercaron a practicar la disciplina fue importante. Creo que esto se potenció porque fue un equipo que transmitió con sus actitudes verdaderos valores. Solamente con observar el juego y mirar las imágenes, uno se da cuenta de cómo funcionaba a partir de actitudes individuales puestas en pos del equipo, en pos del objetivo, del resultado y creo que esto llegó y se intenta imitar en algo tan fundamental como lo es el altruismo; y esto es muy interesante.

El equipo primero que las individualidades; esa fue la filosofía

RSM: ¿Podría darnos un ejemplo concreto dentro de su experiencia de estos valores que nos está contando dentro de la selección nacional?

R.M.:
Hay de pronto un hecho muy curioso en un juego. Pepe Sánchez, que era uno de los conductores del equipo, pide salir porque él consideraba que Alejandro Montecchia lo iba a hacer mucho mejor que él en ese momento. Hay imágenes, creo que fue después de Estados Unidos en Indianápolis, imágenes muy fuertes, interesantes, donde los tres bases, uno jugaba veintipico de minutos, o trece o catorce minutos y el otro dos o tres minutos, se abrazaron al unísono como si todos fuesen uno. O sea, dando a entender o manifestando que se comportaban como uno, más allá del tiempo que juegue cada uno. Cosa extremadamente interesante como para valorizar lo que estamos diciendo ahora. El equipo primero que las individualidades; esa fue la filosofía, bajo ese título se trabajaba: la solidaridad, el altruismo, la comunicación, fueron los elementos del que se vio nutrido este equipo.

RSM: El compromiso de los jugadores en el entrenamiento…

R.M.:
Sí, el trabajo fue uno de los valores. El trabajo como tal, el prepararse, fue una de las patas fundamentales de este equipo. Esas son cosas que no se negocian, el trabajo es una cosa fundamental: si no entrenamos no jugamos. Una gran consigna es: “si jugamos como entrenamos, entrenamos como jugamos”. Parafraseando esto tiene mucho que ver con la calidad de nuestro juego. Si podemos acercar esa variable al máximo, y teniendo en cuenta que cada partido tiene un condimento especial, intentamos siempre trabajar a un nivel de juego.

RSM: ¿Cómo ve la transición, las nuevas generaciones, cómo viene el básquet desde abajo?

R.M.: El básquetbol argentino tiene una gran virtud y una estructura basada en un tema dirigencial, en un tema de jugadores y en uno, no menos importante, como son los entrenadores. Y esta estructura está bien fomentada. Imagináte que nuestros jóvenes juegan un montón de partidos anuales, conducidos por entrenadores muy preparados. Verás que hay dispersos en el país una cantidad de escuelas dependientes de la federación, o sea hay un elemento del entrenamiento, de la formación que es la preparación del profesor y del entrenador que hace mucho a la formación de los jugadores.

Como verás la estructura misma, creo que son cerca de 1.300 los clubes distribuidos en todo el país que juegan básquetbol, que hacen una población muy nutrida, federal, todos ingredientes que hacen pensar que nosotros seguimos con un futuro interesante dentro del básquet. Lo que pasa es que luchamos contra la comparación odiosa con algo que se consiguió y que muy pocos países del mundo consiguieron, solamente cuatro en la historia de los juegos olímpicos; entonces se lucha contra eso y eso no es conveniente.

RSM: A nivel personal, logrando esos grandes éxitos a lo largo de su carrera, cuáles son sus sueños ahora, su ambición, sus deseos…

R.M.: Al hecho de soñar lo asocio mucho con los desafíos inmediatos o mediatos. Inmediato para mí es el entrenamiento que voy a comenzar en unos minutos con estos chicos de los Zorros. Este es hasta ahora mi gran desafío. Voy a salir de acá y seguramente me voy a plantear otro. Intento no sentarme en la historia. Creo que lo peor que me puede pasar es sentarme arriba de un título, porque voy a empezar a envejecer. Y eso no me conviene y tampoco lo quiero. Pequeños estímulos, por pequeños que sean, son extremadamente importantes si hablamos de básquetbol. No importa el nivel, no importa dónde, no importa cuándo, si hablamos de básquetbol. Por eso mi próximo desafío es que estos chicos tengan una práctica linda, que se sientan felices, que tengan algún cambio de conducta, que aprendan algo. Y esto hoy es lo más importante para mí.

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