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Crítica: Chapó para “Invisible”

Por Miguel Krebs

Título original: Invisible: País: Argentina. Año 2018. Dirección: Pablo Giorgelli. Guion: Pablo Giorgelli, María Laura Gargarella. Fotografía: Diego Poleri. Edición: María Astrauskas. Elenco: Mora Arenillas, Mara Bastelli, Diego Cremonesi, Agustina Fernández. Duración: 87 minutos. Calificación: Apta para mayores de 16 años.

Es obvio que no solo la gente de San Martín de los Andes no asiste a ver películas argentinas, la tendencia es en todo el país. Las cifras publicadas por el INCAA revelan que en 2017 mermó la afluencia de espectadores de un 14,5 al 12,8% con respecto a 2016 y parece que esa tendencia continúa. Películas como Zama llevó algo más de 90.000 espectadores, a pesar de haber participado en grandes festivales y candidata a los Goya este año; Yo soy así, Tita de Buenos Aires convocó a 87.000 espectadores y Solo se vive una vez 84.000, tomando en cuenta la asistencia 3 millones promedio para otras películas entre las cuales priman los dibujos animados, las de super héroes y terror. Así como el nivel cultural y estético se va deteriorando como en el caso del público que asiste a ver de Pepo, demuestra que la gente se quiere otra cosa y no los problemas acuciantes de una realidad que la encontramos a la vuelta de la esquina. Nuestra vida cotidiana está plagada de dramas y preocupaciones, por eso se quiere eludir esos conflictos que plantea el nuevo cine argentino, y hay una necesidad en los nuevos directores hacer frente a problemas que son cotidianos, pero ninguno se ha detenido un momento para tantear el estado de ánimo de la población y relegar sus proyectos momentáneamente para encarar otro tipo de cine. Es lo que pasa con Invisible recientemente estrenada en la sala auditorio en el Centro Cultural Cotesma, donde solo asistieron aproximadamente 15 personas en comparación con el público abarrotado en el hall donde luego se proyectaría la película de terror “Un lugar tranquilo”. Desde el INCAA parece que no toman conciencia de esta problemática. El cine, más allá de un entretenimiento y expresión cultural, es un negocio y la taquilla nos muestra palmariamente la realidad del problema.

Lo dicho no invalida que Invisible sea una muy buena película tanto por la valentía de su tema, el drama que vive una adolecente que descubre que está embarazada y no quiere tener a esa criatura. El estreno se produjo el 8 de marzo coincidiendo con la discusión en el Congreso sobre el tema del aborto. En realidad la película no gira alrededor del aborto sino de Ely que no sabe qué hacer con su embarazo. El casting para dar con la protagonista ha llevado 3 años a su director Pablo Giorgelli para decidirse con muy buen criterio por Mora Arenilla y la economía de recursos para realizar la película, sin alardes de cámara, con una luz correcta y sonido un tanto confuso en determinados momentos, le suman méritos a la obra. Las locaciones bien elegidas y complementadas con las calles de Buenos Aires que le dan unas características inconfundibles, cierran el panorama de una sencilla producción. Más allá de la historia que no es mi costumbre contarla, el nuevo cine argentino se va nutriendo cada vez más de un plantel de muy buenos actores todos absolutamente creíbles a diferencia de los años 40 y 50 donde se recitaban los textos. Recién en la década del 60 fueron asomándose tímidamente algunos actores de la nueva escuela. Invisible carece de diálogos, al igual que Emma de Juan Pablo Martínez, (proyectada hace unas semanas en el Centro Cultural Cotesma) pero Ely la joven embarazada no expresa su padecimiento a través de un texto, su rostro habla por sí solo a tal punto que una sola vez a lo largo del film se quiebra ante tanta carencia acumulada; la ausencia del vínculo familiar, la falta de incentivo en la escuela y un Estado ausente. Con un final abierto, un muy buen trabajo de dirección de Pablo Giorgelli y meritoria actuación de Mora Arenillas, Invisible es una película que honra al nuevo cine argentino.

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