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Pasión Mortal: crítica de “Dhaulagiri, Ascenso a la Montaña Blanca”

Por Miguel Krebs

Titulo original: Dhaulagiri, ascenso a la montaña blanca / (Argentina, 2017) / Dirección: Guillermo Glass y Cristián Harbaruk / Guión: Juan Pablo Young, Cristián Harbaruk, Guillermo Glass / Fotografía: Guillermo Glass, Diego Delpino, Pablo D’Alo Abba, Mario Varela, Ernesto Samandjian / Edición: Hernán Garbarino / Música: Martín Bosa / Duración: 70 minutos / Calificación: apta para todo público con reservas

Es el tercer documental de producción nacional que trato analizar y “Dhaulagiri, Ascenso a la Montaña Blanca” es, lejos, el mejor hasta ahora. En oportunidad de hacer la crítica de “La Muralla Criolla” comencé la nota diciendo: “El público que asiste al cine rara vez va a ver un largometraje documental, en cambio sí lo ve por televisión, y confieso que me equivoqué, porque a pesar de no haber ningún afiche en las carteleras (aparentemente el INCAA no los mandó al Centro Cultural Costema) la concurrencia de público, el jueves y el viernes, fue espectacular.

La historia es medianamente conocida. Es la expedición de 4 argentinos (uno de los cuales, Darío Bracali no regresa) al Dhaulagiri, macizo montañoso de la cordillera del Himalaya (Nepal) que tiene 8.167 m. sobre el nivel del mar y es la séptima cima más alta de la Tierra. Fue escalado por primera vez en 1960 por una expedición suiza-austríaca. Esta actividad deportiva nació en el siglo XIX en Inglaterra donde se formó la primera asociación de alpinismo y estaba circunscripta a la gente de alto poder adquisitivo, en definitiva era una asociación clasista. Pocos años después en Alemania se creó una asociación similar (Alpenverein) pero donde todo amante del alpinismo, no importaba su condición económica o social, tenía acceso.

Con el advenimiento de la fotografía los distintos socios fueron registrando paisajes, actividades y las típicas fotos de grupos. Pero con la aparición del cine y sobre todo entre los años 1920 y 1930 donde se pasó del cine mudo al sonoro se hicieron populares los bergfilm o cine de alpinismo (en realidad su traducción literaria es película de montaña) que en su mayoría consistían en historias románticas, no documentales. El máximo creador de los llamados bergrfilm fue el director Arnold Fanck y bajo su dirección trabajaron actores como Luis Trenker y Leni Riefenstahl luego convertidos en directores, en particular la recordada documentalista y preferida de Adolfo Hitler y de su jefe de propaganda Joseph Goebbels porque Leni filmó los famosos documentales El Triunfo de la Voluntad (1935) y Olympia (1938).

​​El nazismo aprovechó los bergfilm para dar a conocer su ideal del alemán ario; fuerte, decidido y valiente. Y estas tres cualidades, dejando su contenido político, se aprecian en este documental y uno más, el compañerismo. Esa pasión, rozando el fanatismo que siente el alpinista por llegar a la cúspide, exigiéndole a su propio cuerpo un trabajo que lo puede llevar a la muerte, es como un acto de masoquismo, cuanto más sufre más goza en pos de una meta: vencer al la montaña. Lo dice el propio Darío Bracali al comienzo de la expedición: “vamos a encarar el Dhaulagiri, al estilo alpino, lo cual significa: los hombres y la montaña. Nada más”. Y provistos de un equipamiento mínimo se lanzan a la conquista del macizo. Eso es ser un apasionado.

El documental fue filmado en el 2008 cuando las cámaras digitales eran una rareza, por eso se emplearon dos cámaras Sony HDV que usaban cassetes mini DV, o sea, cinta o como dirían hoy. Llevaron 9 cassetes y para ahorrar energía de las baterías, cuando no se usaban las mantenían junto al calor del cuerpo.

Está excelentemente filmado. Los primeros planos, a medida que ascienden van señalando el cambio de tonalidad de la piel, a pesar de las cremas protectoras. Sus directores, Guillermo Glass y Cristián Harbaruk, reconstruyen los hechos para lograr mayor dramatismo a través de pequeños detalles que supo aprovechar Hernán Garbarino, su montajista en dupla con Martín Bosa, su músico.

A pesar de que la sala del auditorio del Centro Cultural Cotesma está calefaccionada, el documental transmite ese gélido paisaje de Dhaulagiri. Hay momentos que fotográficamente son imposibles de transmitir como la sensación de inmensidad de los paisajes, por más que la pantalla de proyección tenga el doble de tamaño. Eso está en el espíritu del andinista que relata.

Lo notable es que publico se quedó atornillado a los asientos cuando se encendieron las luces de la sala mientras seguía la proyección de los créditos finales. Hubo un silencio respetuoso para la reflexión.

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