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Crisis de confianza

Mucho tecnicismo se viene escuchando en estos días; pareciera el tiempo de los economistas. Deambulando por los distintos medios, sus voces intentan aclarar los nubarrones. Pero como en esos días tormentosos, los claros suelen ser fugaces y transitorios. En una suerte de ímpetu por aclarar, como dice el refrán, lo oscurecen.

Además junto a ellos hay otras voces, aportes ajenos a la economía, opiniones de conocidos comunicadores que hasta hace poco alentaron las bondades de los nuevos “cambios” y ahora se pronuncian alarmados, ¿por alguna culpa?  No, seguramente por oportunismo.

Por tomar algunos protagónicos, basta leer por ejemplo al periodista Jorge Lanata, en su columna del diario Clarín del sábado 5 de mayo (Click aquí) donde afirma que: “hoy el gobierno es el peor enemigo de sí mismo” y que todo empezó “con un grupo de gerentes amables, pero fríos, anunciando una serie de objetivos que, con el correr del tiempo, no pudieron cumplir”. Habla allí de la crisis de confianza. Como bien lo analiza previamente en su columna: “la economía es una ciencia menor, que depende de la psicología y la fe”.

En la carrera se anota también Mirtha Legrand, cuando responde en su programa del fin de semana, frente a una pregunta del economista Matías Tombolini, sobre si se siente defraudada; y dice: “Sí, estoy decepcionada. A mí me tomó por sorpresa, como a millones de argentinos. Es como si me hubiera defraudado, me siento defraudada. Me da como rabia, como fastidio que se hayan dejado avasallar así, que lo hayan manejado así, habiendo buenos economistas”.

Así son muchos los que ahora, a partir de la aparición de los nubarrones hacen cola para hacer leña del árbol que se tambalea. Resulta gráfico ilustrar como justamente en el diario La Nación, se publica una nota de opinión de la periodista Laura Di Marco del viernes 4 de mayo titulado: “El machismo sutil de Macri y la política” (Click aquí) donde el presidente es criticado desde la perspectiva de género, sin omisión a su vida personal: “Por caso, su segundo matrimonio, con Isabel Menditeguy, entró en crisis cuando ella, que estudiaba Ciencias Políticas en la Universidad de San Andrés, empezó a aconsejarlo sobre la construcción de su carrera. Una intromisión “inadecuada”, que lo desenamoró. Juliana parece haber tomado nota de aquel “error” y forjó un perfil opuesto: el de esposa tradicional y, sobre todo, silenciosa” escribe, y es contundente cuando afirma: “A las mujeres de Pro les recomienda refugiarse en el ejercicio de un poder subterráneo, tal como lo pensaban las abuelas. Para las reuniones políticas internas sugiere que ellas hablen poco: lo justo, como para generar misterio. A los hombres de su tropa, en cambio, los alienta para que elijan esposas que al llegar a sus casas no los fastidien opinando de política: como Juliana, que es eficaz en la organización de la vida cotidiana y no le trae problemas.”. Toda una oportunidad.

La crisis económica devela un combo de impericias: desde los tropiezos de la ley de movilidad jubilatoria; la conferencia conjunta de Economía y el Banco Central sobre la calibración inflacionaria del 28 de diciembre pasado; el tarifazo o la falta de reflejos para el manejo de los nuevos embates externos, frente a las debilidades internas, fueron algunos de sus desencadenantes.

Pero evidentemente no se trata de una crisis de la economía. Es sólo la instalación de una crisis de confianza, que por cierto resultará muy difícil de remontar.

Porque además, hay que sumarle que el supuesto restablecimiento de la confianza se encuentra en manos de un equipo que integra por ejemplo el mismo ministro de energía, Juan José Aranguren, que con crudeza y torpeza afirma que mantiene sus ahorros en el exterior, por falta de confianza en el país y que los repatriará a medida que ésta se recupere….y ya verá el momento.

Tampoco ayuda, entre otros tantos funcionarios del gobierno con dinero en el exterior, el ministro de hacienda Nicolás Dujovne, quien declaró tener un patrimonio de 97 millones, de los cuales 74 se encuentran invertidos en el exterior. El mismo de la conferencia de prensa del viernes pasado, quien a primera hora, después de los sofocones cambiarios, pretendía infundir confianza.

El peligro del desmoronamiento que gran parte de los economistas parece anticipar, y por lo cual, los comunicadores ex oficialistas comienzan a desmarcarse, es el de la credibilidad.

Junto a ella se encuentra la crisis de representatividad, que aprovecha deslegitimizar a la política como vehículo  de construcción y transformación social.

Este virtual escenario vacío, corre el riesgo de ser ocupado por el verdadero poder con nuevos gerenciamientos a través de marionetas aparentemente “apolíticas”, que encuentren las condiciones para desarrollar un programa para beneficiar a las minorías privilegiadas de siempre. Sacarían así provecho de un período post crisis, que ayudaron a desencadenar, para implementar las políticas de shock, que reclamaban, frente a un gradualismo que los impacientaba.

El verdadero riesgo es la pérdida definitiva de confianza. Ante ella alguien ocupará siempre ese lugar perdido.

Esto podrá ocurrir, mientras no se organice y articule una alternativa políticamente creíble, que represente verdaderamente los intereses de las mayorías; sino serán estos y especialmente los más vulnerables, los que resultarán nuevamente castigados.

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