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Mucha city y poca calle

El gobierno insiste en mencionar a la crisis como una turbulencia, efecto de factores externos que impactaron en una economía sensible. Esto dice, es producto de haber aplicado un gradualismo para encaminar económicamente al país, que se encontraba y encuentra sujeto a un déficit fiscal, que en criollo significa: que se gasta más de lo que se recauda.

Lo cierto es que las expectativas generadas al comienzo del gobierno, ante la promesa de una lluvia de inversiones no sucedieron, y entonces se echó mano al endeudamiento, fruto de la “herencia recibida”, que había dejado al país desendeudado.

La emisión de moneda y el uso de reservas que se usaron con anterioridad para paliar el déficit, fue reemplazado por un fuerte endeudamiento, y las cosas se complicaron, porque los problemas no sólo no fueron resolviéndose, sino que se agravaron. Se aumentó el gasto, de la mano de la demanda cada vez mayor de dólares, producto de la apertura de las importaciones, el atesoramiento del billete, el giro de utilidades al exterior, el levantamiento de controles, los viajes al exterior, las compras etc.

Ahora, precipitadas las cosas y frente a la imposibilidad de seguir tomando dinero en el mercado internacional, el gobierno recurre al FMI, que sin duda prestará pero se garantizará su cobrabilidad mirando el ajuste.

La clave filosófica del problema es quién paga la crisis, es decir sobre quién se cargará el sacrificio de semejante ajuste que vendrá.

Mientras tanto para todos está claro, que se sale estructuralmente con mayor crecimiento; pero para algunos esto se consigue con toda la gente incluida, el fortalecimiento del mercado interno y regional, y la fuerza del trabajo propio y su valor agregado. Mientras que para otros se logra, generando las condiciones para que una parte minoritaria y privilegiada se siga enriqueciendo; y fruto del rebalse del vaso lleno, habrá distribución y crecimiento.

Por ello descifrando en clave el mensaje presidencial post “turbulencia”, se defendió y justificó nuevamente la eliminación de las retenciones al campo.

Lo mismo se ve en el manejo que se hace de la obra pública. Se anuncia la continuidad de las obras que fueron iniciadas. Pero para el resto de las obras, su financiamiento prevé para los empresarios, por ejemplo, como refiere Francisco Olivera en una nota de opinión publicada en La Nación (Click Aquí) que: “A último momento, por pedido de los empresarios, se incluyó una cláusula que ahora resulta gravitante: el Estado también se hará cargo del adicional de tasa de interés que provoque la suba del riesgo país.

Al tiempo que el propósito en cuanto a las obras en curso es entre otros, el de “negociar” con los gobernadores los votos necesarios del Senado para acelerar el “gradualismo” del ajuste y votar las leyes en consonancia.

Allí es donde la mesa chica del gobierno cobra sentido con su ampliación, de la mano de las figuras antes devaluadas como el Ministro de Interior, Obras Públicas y Vivienda Rogelio Frigerio y el presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó.

 

Definitivamente ocurre que la ausencia de una crisis previa, al llegar Cambiemos al gobierno, complica las cosas. Se señala en la misma nota citada anteriormente, que: “Ajustan quienes pueden disimularlo o atribuirlo a otros; acuerdan los que renuncian a quedarse. Esta enemistad entre racionalidad y ejercicio del poder termina siempre del mismo modo: casi ningún problema se resuelve.”.

Es aquí donde se establece la gran duda: ¿El gobierno enfrenta una crisis o turbulencia que aparece en su camino? o es en todo caso: ¿una oportunidad de la que se vale, para generar las condiciones de shock, y aplicar “su modelo”; aquel que grafica el vaso rebalsado?.

Para los entendidos en finanzas hubiera sido más fácil dejar correr el dólar para luego aplacarlo de una sola vez, con el “poder de fuego” del Banco Central. Hubiera sido conveniente, dicen, antes de ir dilapidando las reservas de a poco.

Pero claro, de este modo se hubiera evitado instalar el miedo y la sensación de principio de caos, diseminado durante tantas jornadas, en toda la sociedad.

Se podrá decir que es un análisis fácil, post fáctico, pero no por ello deja de abonar las sospechas de aquellas teorías conspirativas, que tanto circularon.

Alientan estas teorías el informe del FMI de noviembre pasado, clave quizá, de un anticipo de acuerdo y de condicionamientos. ¿Fue premonitorio?.

Allí en el artículo IV decía: “La inflación se mantiene persistentemente elevada, previéndose que retrocederá poco a poco. El fortalecimiento de la demanda interna ha contribuido a ahondar el déficit en cuenta corriente, en tanto que el elevado déficit del gobierno general ha producido un rápido aumento del endeudamiento en moneda extranjera, incrementando las necesidades de financiamiento externo” y daba algunos consejos como: “La reforma de las instituciones del mercado laboral contribuiría a reducir la informalidad, promover la igualdad de género y lograr que los frutos de un crecimiento más vigoroso se distribuyan con más equidad. La flexibilización de la jornada laboral y la adopción de políticas laborales activas pueden contribuir a aumentar las posibilidades de empleo para todos los trabajadores”.

 

Dijo el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne en un reciente reportaje: “La Argentina va al Fondo con total propiedad sobre el programa que lleva a la mesa.”

Luis Caputo, ministro de Finanzas crea los BOTEs (BOnos de TEorería) parte con los cuales se logró contener, al menos momentáneamente la estampida.

¿Será toda una señal, para un acomodamiento transitorio, por lo que se habla que vamos al FONDO y en BOTE?

Lo cierto es que la crisis, turbulencia o como la quieran llamar, se pospuso un mes por el vencimiento de las lebacs y los bonos. Allá estará luego el FMI ¿será el momento de presentar las condiciones que impongan, para que después del susto la sociedad las acepte?.

O lo que es lo mismo: ¿para que pueda soportar un feroz ajuste que recaiga como siempre, en los que menos tienen?.

Es ese el nuevo escenario que vendrá, y es al que gobierno más miedo de enfrentar le tiene; y donde sabe seguramente que se juega su destino.

 

Allí en la city, de donde provienen, se conocen todos. Pero a la calle le temen. Porque lo que se ve es que a estos funcionarios les sobra city, pero lo que les falta es calle.

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