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Pasadas las “turbulencias” vamos al Fondo

Se trata de instalar la idea que con el acuerdo alcanzado con el FMI, finalmente, se encaminará la economía. Pero nuevamente es en todo caso, la macroeconomía. Afuera queda la gente.

El acuerdo alcanzado con el FMI, no era una opción para este gobierno. Se trataba del único y último manotazo de ahogado, para salvar (de la crisis final), a una economía que se encuentra en un callejón sin salida: encerrada por el creciente endeudamiento, demandada por sus irrenunciables necesidades sociales e impedida de tomar más crédito internacional en dólares. Además políticamente debilitada, por un franco descenso del apoyo ciudadano, sumada a su inicial inferioridad institucional, por carecer entre otros recursos políticos, de mayorías legislativas.

Es que ante la ausencia de un programa económico, la única idea fuerza que marcaba el rumbo en los inicios del gobierno, fue la famosa “lluvia de inversiones” que se generaría a partir del “experimento” a poner en marcha por Cambiemos contra el “populismo”.

Las inversiones no llegaron, abundaron las impericias y se constituyó una fenomenal especulación financiera que facilitó que se vuelvan a llenar los bolsillos, los sectores más acomodados de siempre.

Ahora como era de esperar, el “salvataje” del FMI, no llega para hacer crecer la economía, ni para mejorar la distribución del ingreso, aumentar el consumo, ni la calidad de vida de la gente. El “salvataje” es para garantizar el pago de los acreedores, con los vencimientos de la deuda pública.

Se anticipa de esta manera evitar, por ahora, una crisis terminal que llevaría al default y al fracaso del “experimento” político de este gobierno.

Para esto alcanzarán los 50 mil millones de dólares del crédito a otorgar por el organismo financiero internacional.

Se impone además la salida del Banco Central para intervenir en la política cambiaria, dejando flotar el dólar para que eventualmente alcance valores altos; lo que posibilita una mejora en el ingreso por exportaciones (no vía aumento de la producción) y disminuya el desequilibrio fiscal.

También por ello, no se hace foco especialmente en la inflación, presionando sobre sus metas, (se plantea un 17% para el 2019); ya que se asume que el eventual aumento del tipo de cambio se trasladará a precios. Con ello se consigue además la licuación de los salarios, que seguirán así a la baja.

Al mismo tiempo se convalida un fuerte ajuste (ya no gradual) y que como en otros campos del conocimiento, a falta de innovaciones, se lo llama con otro nombre: “Aceleración del programa de convergencia fiscal”.

Este programa implicará detener el gasto de la obra pública y la transferencia de divisas a las provincias, la quita de subsidios con el consiguiente aumento de tarifas, que pagarán más duramente los sectores vulnerables.

Para los más desprotegidos, garantizan la asistencia, y ya prevén su incremento ($30 mil millones en las asignaciones, de hacer falta). De lo contrario lo tildarían de “no sustentable”.

Es entonces que con este nuevo “salvataje”, única y última opción adoptada por el gobierno, que nos lleva al Fondo, se apuesta a un escenario de mayor recesión (estancamiento de la economía, baja del consumo), por ende de mayor desocupación y por último también de inflación.

A cambio, se apuesta a la estabilidad macroeconómica y a la perpetuidad en el tiempo de la dependencia económica, nuevamente con los organismos financieros internacionales.

Seguramente y sin otra salida, entenderán que no es poco si lo logran; porque se trata del cumplimiento de los objetivos iniciales, de una clase dominante que se hizo del gobierno legítimamente. Y que no vino para quedarse, sino apenas para acomodar algunos tantos.

Claro que para ello, deberá lidiar con el creciente descontento de las mayorías y de una crisis social en aumento; sin tomar en cuenta que más temprano que tarde, habrá enfrente una oposición política que seguramente encontrará los liderazgos que expresen los intereses de esas mayorías; las represente y dispute una vez más el poder. Pero eso ya no es macroeconomía.

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