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Crítica de “Joel”: Daños colaterales de una adopción

Por Miguel Krebs

Título original: Joel. País Argentina, Año: 2018. Guión y Dirección: Carlos Sorín. Reparto: Victoria Almeida, Diego Gentile, Joel Noguera, Ana Katz. . Fotografía: Iván Gierasinchuck. Música: Nicolas Sorín. Edición: Mohamed Rajid. Sonido: José Luis Díaz. Duración: 100 minutos.

Sinopsis relatada por el propio Carlos Sorín guionista y director: “La pareja de la película había pedido adoptar un niño de 3 o 4 años, pero el niño que llega tiene 9 y viene de una zona vulnerable y ahí empiezan los conflictos”.
Carlos Sorín hace seis años que no filma, su última película fue Días de pesca (desconocida para el público en general) con Alejandro Awada y Victoria Almeida. Y Victoria fue justamente la elegida para protagonizar el rol de la madre adoptiva de Joel. El matrimonio en la ficción lo forman Diego Gentile (Diego) el recordado novio de Relatos Salvajes y Victoria Almeida (Cecilia) y que, como dice la sinopsis, de un día el otro se convierten en padres adoptivos de un chico de 9 años.

Sorín proviene del cine publicitario y a diferencia de otros directores era conocido por hacer sus filmaciones con mucha austeridad de recursos. Esa sobriedad la sigue manteniendo en sus largometrajes y por eso filma con no actores o con muy pocos actores, (generalmente con muy buenos actores de segunda línea), en locaciones reales y con el mismo equipo de gente. Sus características más notables son: escribe sus propios guiones, edita solo (si Mohamed Rajid figura como editor en la ficha técnica será para complementar el trabajo que previamente hizo el director), tiene un gran manejo de actores y gran intuición para elegir no actores como lo ha demostrado en sus películas anteriores (Bombón, el perro; Historias mínimas o Días de pesca).

Al respecto, la historia que cuenta Carlos Sorín de cómo eligió a Joel, es como dice él, para hacer una película aparte. Después de haber hecho un casting en el mismo lugar donde se filmó (Tolhuin, una localidad en Tierra del Fuego) se quedó con tres chicos (sobre 90 que habían ido al casting) que no lo convencían demasiado. Fue a tomar un café a una panadería cerca de la terminal de ómnibus para ver las imágenes en su tablet de lo que había editado y en el momento de pagar siente que lo observa un chico que estaba junto a la caja, con una mirada muy fuerte y penetrante. Rápidamente Carlos le tomó unas fotos con el celular y se sentó a una mesa para estudiarlas y cuando levantó la vista, el muchacho había desaparecido. Preguntó en la caja si conocían al chico y le dijeron que se trataba de Joel que siempre se para junto a la caja para pedir a la gente que le regale una factura. Joel pertenece a una familia muy humilde de un barrio próximo. Al principio no fue fácil trabajar con Joel porque era parco muy parecido a lo que Sorín había imaginado para su personaje.

 

 

La película originalmente se iba a llamar José pero al encontrar a este chico cambió por el de Joel (Joel Noguera). Varias de las películas de Carlos Sorín están filmadas en la Patagonia y en este caso que se empecinó de manera irracional que la película debía ser filmada en la nieve. De hecho en 1995 filmó un comercial para una compañía telefónica en el mismo lugar. En su opinión Joel podía haberse filmado en cualquier barrio de Buenos Aires.

Joel tiene dos ejes de acción; por un lado la adopción inesperada enfrentando a los padres a un cambio radical en sus vidas incluso haciendo peligrar la relación de pareja, y por otro, la discriminación por parte de los padres cuyos hijos van al mismo colegio de Joel (como de costumbre no voy a contar la película). Esto lo comento para que tengan presente una reunión de padres que son auténticos en un aula del colegio. Sorín tenía escrito los diálogos para que cada uno de los improvisados actores, pero al explicar la situación y motivarlos optó dejarlos actuar libremente transformando esa secuencia en un documental dentro de una película de ficción. Sorín, filma con sencillez, sin alardes de cámara, con una fotografía y música casi desapercibida; con diálogos y actuación tan creíbles que en ningún momento se siente estar frente a la pantalla viendo una película. Todo transcurre con una naturalidad como si los hechos ocurriera delante de nosotros. El comienzo de la película, sin pérdida de tiempo, ubica inmediatamente al espectador en que ámbito se desarrolla y cuál es uno de los conflictos. El final abierto define el crecimiento de uno de los personajes al tomar una decisión trascendental dejando librado al espectador para que saque sus propias conclusiones. Si en la crítica de Animal dije que será la película que represente a nuestro país en los festivales más importantes, creo que me he equivocado. Joel tiene más muchos más méritos.

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