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A dónde vamos después de Rusia

Un mundial que convive con una crisis económica de envergadura. La corrida cambiaria que no para, junto a los temores que se instalan más allá de los resultados de Rusia. Sangre, sudor y lágrimas. El mundial y después.

El salvataje de los 50.000 millones de dólares que promete en total aportar el FMI seguirá esfumándose en la bicicleta financiera de un insaciable mercado construido en poco más de dos años, al que se le nutrió de herramientas especulativas para que pueda facilitar ganancias tan rápidas como improductivas.

Fue efímero también el anuncio del paso de país fronterizo a emergente que la clasificadora MSCI (Morgan Stanley Capital Investment) hizo a partir de una compleja variedad de índices financieros. El MSCI es una institución a la que siguen numerosos fondos de inversión, que buscan dónde hacer buenos y seguros negocios financieros. Nada útil en términos de crecimiento. El ascenso a país emergente de cualquier modo se efectivizaría en 12 meses. Una eternidad de tiempo para nuestra realidad de fronterizos.

Por ello entre gol y gol ejecutado en un mundial de sorpresas y decepciones, nadie logra terminar de distraerse. Existe la pretensión de hacerlo, pretendemos hacerlo, pero ocurre que al mismo tiempo y sin eufemismos nos avisan que lo peor está por venir. Algo “cambió” desde aquél “lo peor ya pasó”.

No es una impresión que conforma el discurso de la oposición, ni de los incrédulos o pesimistas; es en este caso (y es lo que más atemoriza) lo que anticipa el propio gobierno cuando desde la Jefatura de Gabinete de Marcos Peña se dice: “Es probable, ya lo han dicho nuestros propios responsables de la economía, que producto de los shocks externos que hemos tenido y la crisis cambiaria, eso va a tener un efecto de algunos meses más recesivos”.

Claro que hablar de recesión (disminución de la actividad económica) implica el reconocimiento que esta situación al menos llevará dos trimestres, ya que se entiende técnicamente que hay recesión cuando baja la actividad económica durante dos trimestres consecutivos.

Así, es entonces la óptica más optimista, que es la que viene del seno del propio gobierno, en cuanto a que la crisis económica se prolongaría al menos un semestre.

Notable es también el cambio operado por los comunicadores oficiales del gobierno, que por los diferentes medios gráficos y audiovisuales aparecen soltándole la mano, y sin gradualismo.

No se oculta más el desconcierto de contar con un gobierno que ya no cuenta con el oxígeno político necesario para enfrentar la crisis. Dice uno de los analistas políticos más escuchados y respetados por el sector del establishment (Carlos Pagni), desde su columna habitual del diario La Nación, en ocasión de la reunión de gabinete del 26/6: “El clima del encuentro pareció ajeno a las dificultades que presentan los mercados. Comenzó con una despreocupada autocelebración de Guillermo Dietrich, quien sacó de su canasta de minucias un ramo de brotes verdes para alegrar al Presidente: desde mínimos avances en infraestructura hasta la decisión de una low cost de volar durante el paro general. Consciente de que su optimismo puede resultar empalagoso, Dietrich suplicó: “Cualquier cosa vos, Marcos, parame, ¿eh?”. Un ministro hiperrealista bromeó con un colega: “Guillo es envidiable. Está dichoso de comprar el buzón que vende”.

La política consiste también en generar las expectativas e ilusiones para ser una palanca de cambio en la sociedad y poner en marcha un proyecto creíble. Durán Barba como asesor de la construcción de ilusiones fue funcional a este objetivo. No obstante se desvaneció la magia, cuando se pusieron en evidencia tantas promesas e indicadores no cumplidos. Pero también pasó simultáneamente un tiempo suficiente para que un sector importante de la sociedad perdiera la motivación promovida de un proyecto que se estructuró no a favor de sino en contra de. Y eso tiene altos costos. Se perdió la política y descontroló la economía.

Mientras como dice el periodista Federico Kucher en un análisis económico de Página 12: Los consultores indican que el tipo de cambio actual puede reducir en parte el rojo externo, pero no lo suficiente para que el país tenga un esquema macroeconómico sustentable. El equipo económico se sentó debajo de la espada de Damocles. La negociación con el Fondo no generó la tranquilidad que se esperaba en el mercado pero dejó al Gobierno sin instrumentos para intervenir en la plaza cambiaria”.

Hay entonces quienes están convencidos que todavía hay margen para que siga la fiesta de la mano de una mayor devaluación. A pesar de faltar poco para terminar el Mundial, esperan que su fiesta continúe. Al margen de sus dramáticas consecuencias, como entre tantas otras las exhibidas de esta semana con los despidos de los periodistas de Telam o el intento de bajar el 40% del presupuesto del Hospital Público modelo “EL Cruce” de Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires.

Después de Rusia, con cualquiera de los resultado que se produzcan (y ojalá que ganemos, a pesar de todo) ocurrirá como dice aquella canción “Fiesta” de Serrat: “Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas.

Allí también como acá, una camada mayoritaria de dirigentes ricos y varios jugadores veteranos millonarios en euros, volverán a su lujosa vida europea. Pero mientras tanto una apasionada hinchada local, volverá a verse la cara en esta tribuna, y deberá tener como meta una vez más, la reconstrucción de los destinos zigzagueantes de una patria que se agita.

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