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Qué hay de nuevo viejo?

La difusión del documento del FMI de reciente aparición, generó revuelo en todos los medios. Sin embargo la verdadera preocupación resulta en la intensidad cada vez mayor en que inciden estas “novedades” (nada nuevas), en la economía real y en definitiva en la vida cotidiana.

Un nuevo documento de evaluación de la economía argentina difundió el FMI. Los detalles son relevantes pero no son novedosos, a juzgar por los mismos trascendidos que desde el inicio de las negociaciones con el fondo se vienen dando.

Se ofrecen en el documento detalles de los alcances del ajuste: techo del 8% de ajuste a trabajadores públicos, congelamiento de la planta administrativa, “contracción de los empleados no prioritarios” (despidos), aumentos de tarifas, virtual paralización de la obra pública, dólar flotante, “amortización” del Fondo de Garantías de Sustentabilidad del Anses, postergación de la reducción en las contribuciones patronales, y el de la reforma tributaria etc etc. etc.

Estos recortes entre otros ya se reflejan, por ejemplo en nuestra región, con la suspensión de la estratégica construcción de la represa hidroeléctrica de Chihuido sobre el Río Neuquén, que se conoció esta semana y generó un malestar en el consorcio alemán que estaría a cargo de la obra y un incipiente cortocircuito internacional (además del provincial con el gobierno nacional), claro está.

Una curiosidad que se destaca de la actual situación, la describe el periodista Ernesto Tenembaum, crítico del anterior gobierno y ahora de este, desde el portal oficialista Infobae: “La confrontación con el poder económico puede derivar en una crisis. Pero la docilidad hacia él también. Petroleros, formadores de precios, financistas, productores agropecuarios, se horrorizan por el surgimiento de liderazgos a los que llaman “populistas”. Es raro que no perciben el generoso aporte que realizan para que eso suceda.

Las repetidas crisis que ha vivido el país se deben, en parte, a que ningún gobierno ha encontrado la manera de encarrilar estas relaciones hacia lugares sensatos para todos. Macri, en estos días, es solo la última víctima.¿Quién sigue?” dice en su nota de opinión del 8/7 (Click aquí).

Más allá de las opiniones, análisis e interpretaciones que se realicen, de la actual coyuntura, lo cierto es que lo verdaderamente preocupante ahora, y en todo caso novedoso, no son sólo las consecuencias que generarán las medidas económicas, sino lo que ya se viene instalando en la vida cotidiana, fundamentalmente en la economía real.

Pero además, la crisis instalada y la que seguramente se profundizará, que ya nadie oculta, pone en el tapete los diferentes mecanismos que cada individuo tiene para enfrentarla. Podemos observar en principio, en una gruesa división, a los pesimistas y optimistas.

Los pesimistas, que padecen con fastidio la reiteración de estos ciclos de crisis, y se encuentran convencidos que estamos condenados desde siempre al fracaso. Prevalece en ellos además, la incertidumbre y el miedo.

Y los optimistas, aferrados a sus proyectos personales o colectivos y también a sus sueños, que esperan que pase el vendaval, intentando sortearlo con los recursos que dispongan. Algunos aparecen como indiferentes, hacen que miran para otro lado. Se hacen los distraídos. Aunque sean muchos más los que transitan esta crisis con mayor dramatismo.

A propósito de esto, vale la pena traer un pasaje de una reciente entrevista (11/7) que le realizó Novaresio al Maestro reconocido director de orquesta, Daniel Barenboim. En ella el Maestro cita al filósofo Antonio Gramsci, cuando este responde a una pregunta en el año 1930, en plena crisis mundial sobre si era optimista; a lo que el filósofo responde: “Racionalmente soy pesimista, porque veo todo el desastre. Emocionalmente soy optimista porque quiero vivir”.

Sin duda que se trata en nuestro caso no de sobrevivir, sino más bien de vivir y con calidad de vida. Con pleno uso de nuestros derechos. Para ello seguramente no bastará con nuestras razones, habrá que ponerle mucha emoción, como allí se dijo; pero también imaginación y convicción, para capear juntos la actual crisis, que más tarde o más temprano pasará, pero claro, es la construcción que hagamos, y ello depende únicamente de nosotros.

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