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Crítica de “La Omisión”, la ópera prima de Sebastián Schjaer

Por Miguel Krebs

La omisión (Argentina-Holanda-Suiza/2018). Guión, edición y dirección: Sebastián Schjaer. Elenco: Sofía Brito, Lisandro Rodríguez, Malena Hernández Díaz, Victoria Raposo, Pablo Sigal y Laura López Moyano. Fotografía: Inés Duacastella. Música: Manuel González Aguilar. Dirección de arte: Fabiana Gallegos. Sonido: Lucas Larriera y Pablo Lamar. Productora: Melanie Schapiro Duración: 90 minutos. Apta para mayores de 16 años.

Esto dice la sinopsis en la gacetilla de prensa respecto a La omisión: Paula, una joven porteña de 23 años, emprende una intensa búsqueda laboral en Ushuaia con el único propósito de ahorrar dinero para irse a Canadá con su hija y su pareja, padre de la niña. La falta de un trabajo, un hogar y un entorno afectivo estables acabarán convirtiendo esa búsqueda en un recorrido personal e introspectivo. Paula tendrá que lidiar con las duras condiciones de vida del sur, así como también con aspectos de su vida no resueltos, que se irán revelando de a poco. Ella sabe que está gritando, pero no puede escucharse a sí misma.

Esta hermosa cháchara con términos psicológicos termina siendo un producto soporífero de gran magnitud donde lo único más o menos rescatable es la fotografía de Inés Duacastella. Por el tipo de plano tampoco pudo hacer mucho. Ya lo dije en otra crítica que si esta película hubiera sido rodada en 35 mm el productor le hubiera cortado las pelotas al director por las largas e interminables tomas. Como las películas se graban en digital se evita malgastar material.

Un 90 % de la película está rodada en primeros planos y en planos detalles, (por eso digo que Inés Duacastella estuvo limitada) ni siquiera hay planos generales para que el espectador se ubique en que ámbito se desarrolla la acción y con una cámara estática, excepto en los largos travelligs siguiendo las interminables caminatas de la protagonista. En el lenguaje cinematográfico el empleo del primer plano se utiliza para mostrar confidencia e intimidad respecto al personaje. Además, a raíz de estos planos cortos el director juega con los off de la acción, es decir, los personajes miran y hablan con sujetos y objetos que están fuera del cuadro (fuera de la pantalla) que no estaría mal, pero ese recurso se repite con frecuencia. Para llegar imitar el cine del director húngaro Bela Tarr, que es lo que en principio encuentro similar, hay que planificar bien los movimientos de cámara y los encuadres cosa que Sebastián Schjaer que es el director, guionista y montajista no tomó en cuenta y probablemente se haya quedado dormido en la mesa de edición, teniendo en cuenta la cantidad de diálogos y tomas superfluas que componen las secuencias. El músico Manuel González Aguilar tampoco se esforzó demasiado para componer la banda sonora.

En ningún momento los protagonistas logran conmover al público ni siquiera Sofía Brito (Paula); son como personajes desangelados, el gélido clima les quitó esa empatía que deben establecer con el público a excepción de la pequeña Malena (Malena Hernández Díaz) que jugó a hacer cine improvisando los diálogos. La película fue estrenada el 5 de julio y participó en la última edición del festival de Berlín. La crítica la recibió muy bien a esta ópera prima de Sebastián Schjaer, centrándose como de costumbre en torno al guión y no al aspecto puramente cinematográfico. Para mi sigue siendo una película soporífera.

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