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Lejos de una turbulencia

El país se encuentra sometido a una vertiginosa agenda política y social que muta con la inmediatez de una tormenta; lejos ya de aquella turbulencia con la que se pretendía caracterizar un efímero presente.

 Se pretendió presentar a la corrida cambiaria, que apareció cuando se acabó el financiamiento de los mercados externos, como una turbulencia cuya domesticación provendría de la ayuda del Fondo Monetario Internacional y la pericia del mesadinerista a cargo del Banco Central.

Lo cierto es que la “turbulencia” era ya una tormenta, aún antes de avanzar con el feroz ajuste por el que se optó alcanzar no sólo a las esferas del Estado, atacando el déficit fiscal, sino también el bolsillo de todos los ciudadanos, en forma inequitativa.

Al mismo tiempo que se empezó a vivir la incipiente crisis económica, palpable en cada unidad económica, se acrecentaba el debate social sobre la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Un fuerte debate de instaló en el seno de la sociedad que fracturó la lógica de los espacios partidarios, las organizaciones sociales, los ambientes artísticos, políticos, religiosos y familiares.

Luego de cuatro meses de intensos debates, de más de 700 exposiciones de comisión, multitudinarias movilizaciones y maratónicas sesiones parlamentarias, como se dijo: “ya nada será como antes”.

Porque al tiempo de la incipiente crisis económica la sociedad evolucionó, dando un paso cultural más, de la mano de la lucha histórica de miles de mujeres, especialmente de las más jóvenes, que se sumaron a nuevos canales y modos de participación, enriquecieron los debates y crecieron como lo hicieron otras generaciones, en cada momento histórico cuando ocuparon roles protagónicos.

Escribió Marta Dillon en Página 12: “Nos seguimos escuchando entre nosotras, entre nosotres, porque sabemos poner palabras ahí donde otros ponen dogmas, donde otros imponen poder concentrado, ahí mismo, la calle puso su palabra, reinventando canciones, reescribiendo una historia demasiado larga de clandestinidad y vergüenza, una historia que conserva la memoria del genocidio de las brujas y que se rebela contra la muerte gritando: somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”.

A pesar de todo la instalación de este debate no pudo distraer el embate de la crisis, por el contrario, hizo crecer y enriquecer a las nutrientes de los diferentes vasos comunicantes sociales. Así fue que favoreció en despertar críticas sobre la pobreza de muchas de las exposiciones de los congresales, además de poner luz sobre sus mezquindades electoralistas, a la hora de sus indefiniciones; lo que desnuda una vez más una obsoleta y anacrónica forma de hacer política, más allá de haberse tomado una u otra posición. Expresa después de todo la falta de querer y saber representar las verdaderas demandas sociales, aunque ya no sea para ponerse a la altura de la historia, sino al menos para leer correctamente los mensajes de sus protagonistas sociales. En la mayoría de los casos sencillos y profundos.

La oportunidad de proponer el debate derivó en dudas a la hora de la evaluación que realizó sobre el final el gobierno. Por ello sus contradicciones quedaron expuestas, cuando dijeron que es: “un triunfo de la democracia”, “un alivio” o el: “vamos todavía” de la presidenta del senado. Probablemente el objetivo se haya desmadrado antes de tiempo y nada era mejor que se terminara de una vez por todas.

Cuando irrumpió repentinamente el cambio de agenda, con la condena del ex vicepresidente y las delaciones de los empresarios “arrepentidos”, “ya nada sería como entes”, y el desmadre volvió a ocurrir.

Nadie después de protagonizar semejantes debates de ampliaciones de derechos, puede estar en condiciones de creer en la parcialidad grotesca para llevar adelante la mentada “lucha contra la corrupción”.

Por un lado desde un gobierno constituido mayormente  de empresarios, entrenados desde hace décadas en el aceitamiento de sus negocios con sobornos y “colaboraciones de campaña” para ganar influencia. Y además cuando los alcanzados del sector se pronuncian en calidad de “arrepentidos” para atenuar sus condenas y eludir sus responsabilidades denunciando “colaboraciones de campaña” bajo supuesta extorsión, en lugar de reconocer el pago de sobornos.

Y por otro lado esta “gesta” es llevada adelante por un Juez, fuertemente cuestionado por sus antecedentes y parcialidad, dentro de una Justicia corrompida, que carece de credibilidad social desde hace tiempo.

El ferviente deseo social para que ocurra el milagro de acabar con la corrupción generalizada, se ve así obstaculizado, a sabiendas que de cualquier modo se encuentra presente en los más diversos sectores sociales, políticos y económicos de la sociedad, tanto en el quehacer público como privado y cotidiano. Y que indudablemente debe ser condenado.

Es imposible ocultar la parcialidad hacia quiénes se quiere alcanzar, y a quiénes se quiere distraer, cuando al mismo tiempo se minimizan las actuaciones de la recaudación de fondos de campaña, con lavado y evasión de dinero durante las recientes elecciones de la Provincia de Buenos Aires, llevadas a cabo justamente por la alianza gobernante. Pero de ello se habla poco.

La volatilidad total que caracteriza cada nuevo hecho de la realidad, ahora reaparece también con el descalabro del “mercado” al cual parecían domesticar, en momentos en que se empiezan a terminar los dólares del Fondo y otra vez se vuelve a “rascar el fondo de la olla”. La noticia ahora es el dólar rozando los 30.

“Nada más queda” cuando la turbulencia es tormenta y ya “nada es lo que era”.

Y aún así se liberan las esperanzas. Cuando se observa que a pesar de todo persisten las tempestades, son justamente esas miles de mujeres, que nos enseñan con su ejemplo el valor de una lucha, que atraviesa generaciones y fronteras. Se escuchó decir: “ganamos aunque perdamos”. Que no decaigan los esfuerzos.

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