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Decadencia y virulencia

Al ritmo de las tensiones económicas y sociales crece la decadencia al mismo tiempo que la virulencia. Cuando todo queda en manos de la manipulación mediática y los personajes nefastos, es porque ya nada más queda.

Honrando al título del programa Animales Sueltos, Alejandro Fantino le realizó al actor cómico Alfredo Casero una entrevista donde este exhibió inescrupulosamente la Ira, la violencia verbal junto a vergonzosos y condenables pronunciamientos.

Pero lo nefasto de su contenido no hubiera podido trascender más allá de los límites de un determinado grupo de feligreses. Para que trascienda tuvo que ocurrir en primer lugar, que el propio presidente le hiciera un guiño con la foto que hizo viralizar comiendo un flan; y en segundo lugar lo completó la movilización convocada por las redes sociales del “21A”, donde se pidió al Senado de la Nación que autorizara el allanamiento de la ex presidenta, y se tomó a Casero como referente e impulsor, apropiándose de sus consignas e insignias.

Una vez más la intensa campaña mediática que hegemoniza en estos días los horarios centrales de la televisión, los medios gráficos y radiales, no sólo tuvo su efecto; sino que lo llevó a tal extremo que logró exponer como nunca la decadencia de un realismo trágico. Permitió que en tan sólo dos jornadas fuera ni más ni menos Alfredo Casero quién representara fielmente a esas “multitudes”.

Lo que aquellas multitudes no alcanzaron a percatarse fueron las implicancias que conllevaban el alineamiento con aquel personaje; lo percibió al instante el mismo Fantino (como ocurrió en otras ocasiones) sobre las consecuencias inevitables que lo llevaría a su interlocutor semejantes modos y contenidos; al mismo tiempo del seguro “linchamiento” posterior al que se exponía su Animal Suelto entrevistado. Pero Fantino jugaba otro juego, el juego para él era sólo una cuestión de rating.

Tampoco se percató de aquello, ni el mismo presidente.

Los hechos posteriores develarían el mal trago: por un lado como repudio por sus declaraciones, se suspendieron por parte de los organizadores (al menos hasta acá) dos de los espectáculos programados por Casero en el interior del país. Por otro lado la propia retractación pública del cómico, en relación a los nietos recuperados.

De cualquier modo no fueron las multitudes las que estuvieron allí, porque las mayorías siguen atónitas la marcha de una economía que cae nuevamente su actividad en un 6,7% en junio y que se traduce en la economía doméstica sin más estadísticas.

Comprueban que el aumento de los precios se acerca al 35% anual cuando hacen las compras, y que el desempleo se acrecienta de la mano de la parálisis del consumo y de la obra pública que desgraciadamente está paralizada y  no despegará, porque el programa de las PPP (Participación Pública – Privada) se desploma con la desconfianza inversora y los recortes del FMI.

Perciben que la fuga de capitales entre enero y julio fue de más de 20 mil millones de dólares, producto del descalabro financiero, porque comprueban que no hay plata en la calle.

Ven derrumbarse también a las Universidades Públicas, cuando se encuentran paralizadas desde hace tres semanas, por los recortes presupuestarios y a la espera de una paritaria que supere el vergonzoso ofrecimiento de un 15% de incremento salarial en tres cuotas.

También cuando ven el deterioro con que sigue en caída libre la educación en general, al tiempo que se desvanecen las esperanzas de lo que fue alguna vez el prometido “segundo trimestre” en perspectiva de encaminarse a la pobreza cero y a la lluvia de inversiones.

Es por eso que el propio periodista “súper oficialista” Fernando Laborda escribe desde una editorial del diario La Nación de hoy (Click Aquí): “Una encuesta reservada de la consultora Poliarquía, concluida el 15 de agosto, le trajo una buena noticia a la senadora Kirchner: la causa de los cuadernos de las coimas no ha modificado la estructura de opiniones en la sociedad, al menos por ahora. En el último mes, la imagen positiva de la ex jefa del Estado subió dos puntos, del 30 al 32%, en el orden nacional, en tanto que en el Gran Buenos Aires, donde las dificultades socioeconómicas se perciben con más fuerza, su mejora fue de siete puntos”.

Hay miedo e incertidumbre, porque el desfile mediático no logra desviar las miradas, porque ya nada más queda por prometer y menos en logros para exhibir.

Las hipótesis conspirativas que dan cuenta de que el gigante del norte está detrás, para apropiarse de empresas y recursos al final de nuestra crisis, se agigantan y preocupa la posibilidad de profundizarla cuando aparece Donald Trump viviendo su propia gran debacle. Dos de sus principales allegados fueron hallados culpables por la Justicia. Paul Manafort, (ex jefe de campaña), por fraude fiscal y estafa bancaria. Michael Cohen, su mano derecha y ex abogado personal, quien admitió haber violado leyes relacionadas con el financiamiento de la campaña electoral, al comprar el silencio de dos mujeres que tuvieron un affaire con el propio Trump.

Mientras tanto se agranda y se achica la mentada grieta, lo que no ayuda a enfrentar la crisis.

Es inevitable pensar en combatir la corrupción estructural que habita nuestro país desde hace décadas, en todos sus ámbitos. También resolver la transparencia y el financiamiento de la política para dotarla del poder  necesario para defender a la sociedad de los poderes fácticos y concentrados.

Al tiempo que contribuya a erradicar el clientelismo y la politiquería.

Pero la respuesta del debate de fondo, guste o no guste, lo expresó la ex presidenta, en su contundente discurso político en el senado, probablemente a sabiendas que la historia la juzgará por sus posturas y por aquél modelo que pretendió propiciar, con independencia de los propios errores a los que también aludió. Dijo allí: “Estas persecuciones le pasan a los que con errores y con aciertos, creemos en algo y defendemos ese algo, y yo creo en lo que hice como presidenta de los argentinos; creo en la redistribución del ingreso, creo en el empoderamiento de los derechos, creo en las universidades públicas, creo en la ciencia y en la tecnología, creo en todas y cada una de esas cosas, creo en el desendeudamiento, como un instrumento de autonomía en la toma de decisiones de un país; sí creo en esas cosas, No me van hacer arrepentir”.

Valioso sería que aquellas “multitudes” del 21A, hubieran hecho lo propio, expresando así mismo sus ideas. Y no permitiesen que aflorara en ellos el odio y la venganza; y permitir ser manipulados, mientras son agitados por un cómico sinvergüenza de consignas huecas. Con intencionalidad se oculta de este modo, el verdadero modelo que impulsan a través de ellos esas minorías poderosas de siempre. Además impiden al mismo tiempo el desarrollo de un verdadero debate. Tendríamos así al menos por lo pronto, menos virulencia y ninguna decadencia.

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