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Editorial: La realidad se termina imponiendo

Se está terminando el mes, y a juzgar por las noticias económicas y políticas, nuestro país aún está transitando el peor agosto en años. El dólar nuevamente alcanzó un nuevo récord este martes y de esa manera sigue devaluando cada vez más el peso argentino. Nadie, ni siquiera el más negativo teniendo en cuenta los números de la economía argentina, pensó que la cotización de la divisa norteamericana iba a alcanzar los $32.10 a esta altura del año.

Si tomamos en cuenta el precio del dólar a hoy, la devaluación que sufrió el peso es del 84% en un año. Hace exactamente un año el dólar costaba $17.43, eso significa que en un año el dólar aumentó más de $14.65, lo que genera un panorama oscuro para la gestión de Macri. Porque a medida que aumenta el dólar toda la cadena de consumo aumenta al mismo ritmo, haciendo muchas veces imposible darse algunos gustos que ya se catalogan hoy como “lujos”.

Ámbito Financiero publica que según los datos, por ahora muy preliminares, la tendencia para el mes indicaría que la inflación se ubicaría ya en un 3,5% de piso avanzando peligrosamente al 4%; que la caída interanual de la actividad estaría nuevamente en un 6% con un retroceso mensual de más de 1% y que la devaluación podría superar el 13% (del 66,6% acumulado hasta ayer en 2018).

De confirmarse este combo cruzado de malas novedades económicas y financieras, provocaría que el viernes termine un mes para el olvido, sólo comparable con junio pasado, el piso hasta ahora de toda la gestión de Macri.

El peso argentino es la moneda más devaluada del mundo en este año, porque teniendo en cuenta que el 1° de enero el dólar cotizaba a $18.65, la devaluación que sufrió el peso en este año es del 72%. Los principales medios económicos anunciaban que culpa de la lira turca, o el real, el peso argentino seguía devaluándose. Comparando el peso argentino con estas monedas, la lira turca, la misma sufrió una devaluación del 62%, quedando segunda en el ránking mundial, mientras que el real brasileño sufrió una devaluación en este año del 23%.

¿Qué dicen los economistas para evitar que esta escalada del dólar siga devaluando el peso argentino? Carlos Melconian, economista y ex presidente del Banco Nación, sugiere que el Banco Central llevar el precio del dólar a un nivel más alto, para que sea inaccesible a determinadas clases sociales, evitando así que “el cadete” o “la tía”, hagan turismo externo a destinos internacionales de los mas visitados por los argentinos.

En la era Macri ya se fugaron más de 52 mil millones de dólares, un dato no menor a la hora de analizar la economía argentina. En 2016 casi 10 mil millones, en 2017 alrededor de 22 mil millones, y en lo que va del año 20 mil millones más. ¿Los motivos? El atesoramiento privado, la gente que puede comprar dólares lo hace por desconfianza del peso, importaciones y el turismo externo como afirmaba Melconian.

Uno de los efectos que genera la devaluación, por ejemplo es que el sector de clase media que aún mantiene el sueño de la casa propia, se aleje cada vez más. Sin ir más lejos para sacar un crédito UVA para la compra de una vivienda dos ambientes, en la ciudad de Buenos Aires y en algunas localidades del país, se requiere un ingreso de $73 mil pesos. En nuestra ciudad pensar en la compra de una vivienda de esas características es imposible justamente para vecinos de clase media. El sueño de la casa propia que en otros años familias de clase baja tenían chances, hoy ya es imposible.

El problema de agosto es el panorama devastador que dejaron las dos variables que más están dañando la economía y la confianza: la inflación y la devaluación, y la relación entre ambas. El Presidente Macri en persona le pidió al ministro de la Producción, Dante Sica, que elabore un plan profundo de reactivación de la economía.

Mientras la atención mediática se centra en los cuadernos y la década corrupta como la llaman algunos, donde día a día aparecen nuevos datos aportados por “arrepentidos” y hacen ver que todo tiempo pasado fue peor en cuanto a transparencia. Ya no hay túneles donde se ve la luz al fondo, ni segundo ni tercer semestre, tampoco la lluvia de inversiones, solo una “tormenta” como la llamó Macri, que parece que nunca va a acabar, y esa es la realidad es la que nos golpea día a día, y que se va a terminar imponiendo.

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