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“Estoy orgulloso de ser un hijo del lago Lácar” (Última bitácora de este viaje)

Bitácora de Viaje

El sábado pasado, Pablo Saad, uno de los más grandes navegantes que ha surgido de San Martín de los Andes, tomó el avión que lo sacaría de Resolute, una pequeña población del Ártico, donde había desembarcado junto a Darío Ramos, otro vecino de esta ciudad, del rompehielos que los rescatara la noche anterior, luego de pasar varias horas varados sobre un gran bloque de hielo.

Su velero, Anahita, se había hundido. Ellos fueron rescatados por un helicóptero de la Guardia Costera Canadiense. De esta institución son las fotos donde se ve a los sanmartinenses luego de haber aterrizado en el rompehielos que los trasladaría a Resolute y donde se aprecia como iluminaban el cielo con una bengala, en una jornada de mucha niebla, para que los identificaran y pudieran rescatarlos sanos y salvos.

“Hemos sido extraordinariamente bien atendidos tanto en lo profesional como humanamente por los 49 tripulantes del Henry Larsen, el rompehielos de la Guardia Costera Canadiense”, nos cuenta Pablo, para luego agregar: “Darío decidió comenzar su regreso hacia Buenos Aires a donde arribará en unos días, y yo he decidido volver al agua”.

Desde el Ártico, y luego de haber navegado durante semanas los océanos del norte desde Irlanda a Islandia, luego a Groenlandia y finalmente intentar el Pasaje del Noroeste hacia Alaska, nos dijo: “me encontré con Cristian y Clara, unos amigos que conocimos en Nuuk, que tenían un mismo plan de navegación que nosotros, pero que han desistido de continuar. Estuvimos en contacto, supieron del accidente y me invitaron a participar de su regreso, sabiendo lo importante que es volver al agua para alguien que sufre un trauma de estas características. Así que acepté y vamos a estar unos días haciendo una navegación muy tranquila visitando comunidades Inuit en el recorrido, muy pequeñas, para luego continuar con el regreso”.

Semanas antes del accidente, en una de las tantas comunicaciones con Realidad Sanmartinense, Pablo compartió con emoción desde Nuuk, la capital de Groenlandia: “Me siento orgulloso de haber sido un hijo del lago Lácar en términos de navegación. Y de que allí hubiera una comunidad inquieta que se planteara desafíos fuera del lago de los que tuve la suerte de participar en algunos de ellos y fueron los que me abrieron el horizonte para pensar este otro tipo de navegación”.

Pablo llegó a San Martín de los Andes con una mínima experiencia de navegación a motor. Su padre tenía una lanchita en el Tigre que supo andar en el río durante parte de su infancia; pero nunca había navegado a vela. En esa época, el Club Náutico de la ciudad contaba con un pequeño galpón, a modo de instalaciones, a orillas del Lácar, donde los que se iniciaban en este deporte encontraban un mínimo equipamiento para aprender a navegar a vela y un lugar donde reunirse a compartir experiencias.

“Yo aprendí a navegar a vela en el Lago Lácar, en los Pamperos, a través de un programa que se largó en la década del 80 y que llevó por nombre “El mar nos une”, recuerda Pablo a la distancia. “Luego de los primeros pasos, que los di de la mano de los instructores Daniel Sorrentino y de Cecilia González, saqué mi primer licencia de timonel. Después, gracias a que compartí el lago y pude trabar amistad con Víctor Felipe, en mi opinión uno de los mejores navegantes de deportivos contemporáneos, he podido navegar en su Soledad y participar de muchas expediciones y travesías que ha llevado adelante. Ahí conocí la dinámica de la navegación marítima y un poco de la navegación oceánica. Luego hice experiencia propia con barcos en distintos viajes”.

“La navegación te conecta con lo que una vez fuimos, con aquellos que alguna vez se lanzaron al agua para conocer lo desconocido, lo que pensaban que podía llegar a haber y los que hicieron de alguna manera que hoy estuviéramos todos conectados. Los que nos dieron conocimientos sobre cada una de las costas de cada continente para beneficio de todos los que navegamos ahora. Es un desafío. La navegación te desafía. Y es un desafío que yo disfruto, que requiere de determinadas habilidades. Y se hace necesario desarrollarlas para tener una navegación más segura y placentera, para poder concretar los proyectos que uno se plantea”, confiesa Pablo, desde algún recóndito lugar del mundo a donde ha llegado con su velero Anahita, que extrañará con ganas, pero al que seguramente agradecerá siempre los mares compartidos.

Nuevamente en el agua, acompañado, para seguir aprendiendo y proyectando nuevas aventuras, conociendo nuevos lugares. Desde aquí, su ciudad, una comunidad que le desea que los buenos vientos sigan acompañándolo y que el sol de la tarde ilumine y de calor a cada una de sus próximas experiencias. Pablo Saad, un hijo del Lácar que recorre el mundo.

Publicaciones anteriores:

Pablo y Darío fueron rescatados de un témpano de hielo donde pasaron la noche luego de que se hundiera su velero Anahita (Bitácora de Viaje – cuarta parte)
“En caso de una evacuación de emergencia se haría por vía aérea y abandonando el barco” (Bitácora de viaje, tercera parte)
“Navegar es salir al encuentro de los otros de una manera diferente” (Bitácora de viaje, segunda parte)
Un sanmartinense de paso por Groenlandia – (Bitácora de viaje, primera parte)

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