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Cuando además la representatividad es un problema

Las dificultades en las representaciones políticas se agravan ante la pobreza del debate público y la distancia entre las decisiones de los poderes reales y los que se ejercen desde la función pública.

 Los datos duros reflejan el verdadero desafío que se presenta para la sociedad, que dentro de un sistema democrático debe resolver la crisis a través de sus diversas instituciones políticas y sociales. Estas a su vez deben contar con las representaciones democráticas y participativas que defiendan y administren los intereses de sus representados.

Según los datos oficiales publicados esta semana, la pobreza en la Argentina abarca al 27,3% de la población (unas 12 millones de personas) y poco más de 2 millones de indigentes. El 41,4% de niños entre 0 y 14 años son pobres. La desocupación alcanza al 9,6%. Estos datos del primer semestre no toman aún en cuenta el agravamiento de la situación socio económica que se descuenta se verá reflejado en el segundo semestre que transitamos, producto de la fuerte devaluación donde aumenta la canasta familiar, se licua el salario y se acentúa la recesión.

Abordar un programa que enfrente la crisis es tarea de todos, pero recae especialmente en la responsabilidad de quienes representan las miradas y posicionamientos del conjunto, para encontrar la salida.

Existe una primera tensión entre las posibilidades de ejecutar las decisiones tomadas en estos espacios, contrarrestándolas con aquellas que se toman y se ejecutan desde las usinas de los poderes fácticos que responde a intereses particulares. En estos últimos espacios se goza del anonimato, se carece de la responsabilidad de resolver las problemáticas de la complejidad del entramado social, y además del dinero, cuentan con enormes herramientas de poder de influencia y presión.

Sin embargo la crisis de representatividad alcanza a todos los sectores.

En una nota publicada en el diario La Nación del 27/9: (Click Aquí) Francisco Olivera escribe a propósito de la renuncia del ex presidente del Banco Central Luis Caputo, que las razones de la renuncia del mesadinerista atraviesan el trasfondo del universo macrista, donde se empieza a visualizar el fin de este ensayo que es, dice: “el de la generación de profesionales exitosos del sector privado que decidieron meterse en política para contrarrestar una consigna propia según la cual el principal problema de la Argentina consiste en que dejó el manejo de la cosa pública en manos de una casta inepta y corrupta que vive del Estado y que no podría sobresalir en otra actividad fuera de él”.

Expone allí las dificultades de la representatividad que se pretendió realizar en este “experimento” histórico bautizado como Cambiemos.

La representatividad de los intereses de los sectores más acomodados de la sociedad, gobernando para el conjunto, en la intención de administrar “la cosa pública” fracasaron. Esto se pone en evidencia hoy, luego de tres años de ejercicio del gobierno, a juzgar no sólo por los indicadores económicos mencionados al comienzo, sino además por el objetivo trazado y expresado por el propio presidente, quien pidió ser evaluado en su función acorde a la “caída de los niveles de pobreza”.

La dificultad también se extiende por todas las latitudes.

En nuestra localidad se generaron en este último tiempo, fuertes rechazos y reclamos por los incesantes y compulsivos sondeos de opinión, mediante los cuales se buscan medir a diferentes “candidatos”.

Se producen cuando el marketing reemplaza el debate y la participación genuina; al tiempo que se pretende fabricar e instalar un candidato.

También cuando el debate se transita mayormente en las redes, con agresividad y desparpajo, sin personalizarse, degradando la posibilidad de poder enriquecerlo. Algo similar ocurre también desde varios medios de comunicación.

Es así como se posibilita entonces, la aparición en algunos casos de la superpoblación de “ofertas” de candidaturas, como en otros casos sus ausencias. Del mismo modo se invierte el orden, cuando en primer lugar las fortalezas están dadas por la aparición de un candidato, antes que un programa o proyecto de gobierno.

La crisis de representatividad se acaba de reflejar también a nivel nacional, con la difusión de la foto bien cuidada donde Massa, Schiaretti, Urtubey y Pichetto comparten un café.

El debate se reduce allí a cuánto mide o proyecta cada candidato, cuánto la aparición de este nuevo espacio, “la alternativa”, le suma o le resta a los otros candidatos de la mentada “grieta”.

Estamos frente a una dificultad inquietante en un estado democrático, donde la administración de la cosa pública se enfrenta por un lado inequitativamente a los poderes reales, y por el otro a la carencia de genuinas representatividades.

Pareciera retornar lo que los viejos filósofos griegos llamaban “horror vacui” (horror al vacío), acerca del cual afirmaban su inexistencia en el cosmos. Lo mismo sucede en la política, donde la crisis de representatividad produce ese miedo al vacío. Vacío inexistente, porque indefectiblemente, esos espacios siempre serán ocupados.

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