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Crítica de “Marilyn”: El pecado nefando en el entorno rural

Por Miguel Krebs

Título original: Marilyn. Co producción Argentina – Chile. Año: 2018. Director: Martín Rodríguez Redondo. Guión: Martín Rodríguez Redondo, Mariana Docampo. Actores: Walter Rodríguez, Catalina Saavedra, Ignacio Giménez, Germán De Silva Andrew Bargsted, Rodolfo García Werner, Germán Bau. Director de fotografía: Guillermo Saposnik. Editor: Felipe Gálvez Haberle. Música: Laurent Apffel. Dirección de arte: Adrián Suárez. Vestuario: Jam Monti Casting: María Laura Berch. Maquillaje: Jorge palacios.

En octubre de 2013 el travesti Marcelo Bernasconi (Marilyn) condenado a cadena perpetua por homicidio, contraía matrimonio en el Salón de Usos Múltiples de la Unidad 32, en la cárcel de Florencio Varela, con el violador Guillermo Casero, más conocido por “el sátiro de la pollera roja”. Esta noticia, que parece escrita por un guionista de películas de clase Z, ocurrió cuando un año antes, Guillermo Casero fue trasladado al pabellón de homosexuales y allí convivió con Marilyn, nombre que lleva la película que se exhibió ayer jueves 11 a las 20 hs en el Centro Cultural Cotesma con la asistencia de 9 espectadores.

La modalidad de los jóvenes directores de realizar películas con economía de diálogos y con tomas interminablemente largas dejando al personaje con una expresión indefinida mirando al infinito es lo que en el viejo cine alemán se conocía por “Stimmung”, su equivalente a “disposición del ánimo”. Esto es una de las cosas que ocurren en esta historia por momentos poco creíble para el espectador, insisto, por falta de diálogos tan necesarios en estas circunstancias donde Marcos (Walter Rodríguez) junto con su hermano Federico (Andrew Bargsted) tras la muerte de su padre tienen tomar las riendas de su casa para la que Marcos no está preparado y tampoco le interesa. Él está más para cumplir un rol femenino, ayudando a Olga, su madre, interpretada por la actriz chilena Catalina Saavedra (que de tan poco que habla en ningún momento se le nota el cantito chileno).

La película tiene una progresión dramática muy brusca, casi a los saltos sin tener transiciones graduales en la narración. Hay personajes que no se sabe de donde provienen, cual es su relación con el personaje protagónico debido a la falta de diálogos. Dirán que soy antiguo en mi manera de concebir el cine, pero así como el lenguaje escrito tiene sus reglas de sintaxis para que sea comprensible, el cine tiene las suyas.

Casi todas las películas de estos nuevos directores participan en certámenes desconocidos con tal de llenar el afiche de logotipos de esos festivales porque las reglas del marketing así lo indican, aunque no haya ganado ni un caramelo. La cuestión es estar presente. Por más que haya sido presentada Marilyn en el último Festival de Berlín, que este año se destacó por el bajo del nivel de películas presentadas, el premio para Latinoamérica se llevó la película paraguaya “ Las Herederas”, dirigida por el debutante Marcelo Martinessi y “Museo”, la película del mexicano Alonso Ruizpalacios.

Si el director de fotografía Guillermo Saposnik hubiera visto la copia que mandó el INCAA para ser proyectada en el Centro Cultural Cotesma, sin contraste y totalmente lavada, seguramente se hubiera preguntado para que le sirvió haber estudiado tantos años en el ENERC.

 

La película tiene un detalle a favor desde mi punto de vista, y es la actuación de Walter Rodríguez en el papel de un homosexual maltratado y acosado por el medio rural en el que vive y por su propia familia. Cuenta Walter Rodríguez que en la vida real ha padecido la misma violencia que el personaje que interpreta, por eso le permitió hacer el rol a la medida que el director y guionista Martín Rodríguez Redondo había pensado cinco años antes. La temática no es novedosa pero tratándose de un entorno como el rural donde no se concibe el “pecado abominable”, hace que Marilyn se torne atractiva para el espectador. Marilyn solamente se exhibe de jueves a domingo a las 20 hs.

 

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