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Aldo Ferrer, intelectual del desarrollo

Marcelo Rougier, Doctor en Historia, investigador del CONICET. Será expositor de estas Jornadas.

 

El viernes 9 y sábado 10 de noviembre se realizarán en San Martín de los Andes las “Jornadas sobre el pensamiento de Aldo Ferrer”, uno de los mayores exponentes del pensamiento crítico nacional y latinoamericano, junto con hombres de la talla de Raúl Prebisch o Celso Furtado; además fue protagonista incansable, plenamente compenetrado con la búsqueda del desarrollo económico y social de nuestro país.

 

Ferrer nació en Buenos Aires en abril de 1927.  Las ideas presentes en su entorno social lo predispusieron para adoptar tempranamente una actitud comprometida desde un punto de vista político. Las lecturas adolescentes de José Ingenieros y el difuso socialismo que emanaba de su ámbito familiar pronto confrontaron con el sistema político fraudulento y las posturas totalitarias de la época. El escenario internacional, de algún modo, internalizado por la sociedad porteña (la guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial) y el golpe militar de 1943, no harían más que potenciar esas primeras ideas y el accionar del joven Aldo.

 

Con ese bagaje cultural y político Ferrer ingresó en 1945 a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires para estudiar la carrera de Contador Público; se trataba de un año clave de la encrucijada política y social que marcó su compromiso por el resto de sus días. Los estudiantes estaban muy movilizados y se constituyeron en partícipes destacados en la lucha contra lo que interpretaban era una experiencia “fascista” local.  En la UBA también cursó el doctorado en Economía, donde tuvo como profesor a Raúl Prebisch. Que Prebisch lo haya deslumbrado en ese momento no debe extrañar. El “maestro” no estaba en línea con el grueso de los docentes de la Facultad y era un opositor al gobierno, como Aldo; este podía ser un punto de partida, pero sin duda su gran capacidad teórica e intelectual y sus argumentos novedosos sobre el ciclo económico y cómo lograr el desarrollo, fueron, en esas circunstancias, un condimento extra importante. Por lo demás, Aldo tomó el curso precisamente en el momento en que Prebisch perfilaba de manera más acabada las ideas que lo identificarían como el gran pensador del estructuralismo latinoamericano. Puede decirse que la génesis de la identificación de Aldo con el estructuralismo se halla allí, en esa formación inicial.  

 

En 1950, Ferrer fue reclutado por la Secretaría General de Naciones Unidas, donde pasó por distintos departamentos y entró en contacto con distinguidos economistas como el polaco Michael Kalecki y otros “pioneros” de las modernas teorías del desarrollo. Eran los tiempos de gestación del estructuralismo latinoamericano; su primer artículo, “Los centros cíclicos y el desarrollo de la periferia latinoamericana”, publicado en México en 1950, ya refleja un núcleo de preocupaciones que no abandonará a lo largo de su dilatada trayectoria: cómo lograr el desarrollo nacional en un escenario global (aunque el término no era de uso por ese entonces).  

Presentó su tesis doctoral a comienzos de 1954 (que se transformaría en el primero de sus innumerables libros, El Estado y el desarrollo económico), donde cuestionaba la perspectiva neoclásica y los postulados teóricos ortodoxos como herramientas válidas para modificar las estructuras económicas existentes y orientar el desarrollo económico. Podría decirse que en esta obra pionera ya se encuentra la sustancia de los argumentos desplegados durante seis décadas con inusitada coherencia y lucidez (plasmados en La economía argentina o en Vivir con lo nuestro, para mencionar sólo un par entre sus obras de lectura obligatoria).

 

Para Aldo, el compromiso intelectual sólo tenía sentido con la práctica, con la acción pública que acometió ni bien regresó al país, luego de su formación en las Naciones Unidas. La relevancia de su vida profesional adquiere significación no sólo a partir de su enorme labor intelectual y de sus numerosos trabajos académicos, sino también a partir de un recorrido que incluye su participación en el equipo de asesores de Arturo Frondizi durante los últimos años del gobierno peronista; su gestión al frente del Ministerio de Hacienda de la provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Oscar Alende; su papel descollante en la organización del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) en los años sesenta; su paso por el Ministerio de Obras Públicas y de Economía de la Nación en los primeros años de la década de 1970; y la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires en los años ochenta y de la Comisión Nacional de Energía Atómica a fines de la década siguiente; también debe destacarse su desempeño como embajador argentino en Francia entre 2011 y 2013.

 

Lo sorprendente de ese recorrido es la convicción de Ferrer en sus ideas, de su compromiso por llevarlas a la práctica desde diferentes espacios y tablados con notable coherencia. Ferrer abrevó siempre en el estructuralismo latinoamericano, en la perspectiva nacional del desarrollo económico, en el dominio de la tecnología y se ha mostrado firme partidario del control de los recursos y del manejo estatal de los resortes básicos de la economía. Esas ideas se mantuvieron en el tiempo, acompañando las notables transformaciones económicas y sociales internacionales y locales, a través de un sendero que lo acercaba a un proyecto social nacional, en algunas ocasiones, o que lo alejaba cuando las políticas tendían a desarrollar principios liberales o neoliberales. Así, la experiencia de los últimos años acercó las ideas de Ferrer al “modelo” kirchnerista, de tal forma que se transformó en un referente de las políticas de “inclusión” y “desendeudamiento”, sin dejar de alertar sobre los problemas de una estructura productiva desequilibrada y las tensiones generadas en el frente externo. En sus últimos meses, a comienzos de 2016, sus preocupaciones estuvieron centradas en las negociaciones que llevaba a cabo la actual administración con los fondos “buitres”: Aldo se preparaba para asumir nuevamente un papel crítico respecto a las políticas neoliberales, tal como lo ejerció durante el predominio de esas ideas durante la última dictadura militar o en los años noventa.

En las circunstancias actuales, en momentos en que las ideas neoliberales vuelven a dominar el escenario, recuperar sus ideas y legado resulta indispensable. Ese es el propósito de las actividades que se desarrollarán en el marco de las “Jornadas sobre el pensamiento de Aldo Ferrer”, a realizarse en el Centro Cultural Cotesma de modo gratuito.

Más información en: https://www.facebook.com/events/2169182323335574/

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