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Encrucijada

Foto: Thanassis Stavrakis

La encrucijada nacional quedó expuesta en muchas de las intervenciones que se suscitaron en el ámbito del debate de CLACSO. Una encrucijada que atraviesa al mismo tiempo como se dijo: “las redes, la calle y los libros”.

Esta semana tuvo lugar en Buenos Aires entre el 19 y el 23 de noviembre el llamado “Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico” organizado por CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) dentro de su 8° Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales.

CLACSO es una institución internacional no-gubernamental con status asociativo en la UNESCO, creada en 1967. Actualmente, reúne 654 centros de investigación y posgrado en el campo de las ciencias sociales y las humanidades en 51 países de América Latina y otros continentes.

Entre sus objetivos está el de promover la investigación social para combatir la desigualdad y la pobreza, contribuir con aportes académicos y de pensamiento crítico, tender puentes, apoyar, fortalecer a las diferentes instituciones que actúan en el campo social, promover políticas y acciones de desarrollo, entre otras.

Se confundió en esta ocasión la realización del evento como un contra-cumbre del G20, lo que no fue así ya que su realización había sido planeada con anterioridad.

Aunque sí resultará un contraste en tiempo y contenido con aquella, que comenzará la semana próxima y cuyos objetivos y pensamientos difieren diametralmente. El G20 en su 10° edición, donde la Argentina es anfitrión, es una cumbre de líderes de 20 países (19 + la Unión Europea), hegemonizados por los más poderosos; que nació en Washington en el 2008 para establecer un plan de acción que enfrentara la crisis económica y financiera mundial.

La Cumbre incorpora a los países emergentes de manera tal de lograr establecer un “orden económico social mundial” que “organice” la consolidación del orden establecido y pretenda zanjar sus disputas de intereses.

Algunas de las destacadas reflexiones del Foro de CLACSO generaron debate por fuera de éste, y tuvieron repercusión en los medios y en redes.

Por caso la exposición de la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue uno de ellos. Allí reflexionó sobre los modos de enfrentar el modelo neoliberal de esta nueva oleada vigente, mediante la conformación de algún nuevo tipo de “frente patriótico” que se ponga por encima de las diferencias dicotómicas de por ejemplo: los creyentes o no creyentes, los pañuelos verdes o los celestes, las izquierdas o derechas. Por encima de todo este tipo de divisiones, que según dice, distraen la posibilidad de enfrentar con unidad los verdaderos intereses populares y nacionales. Un frente que tenga como identificación sólo aquellos que se sientan perjudicados o agredidos por esas políticas neoliberales. Define así nuevas categorías de pensamiento que invita a repensar. Advierte además que las posibles consecuencias de esta nueva encrucijada tiene similitudes con aquella Alemania, donde el fascismo y el nazismo se nutrieron de la humillación a los que se los sometió internacionalmente y encontraron en la crisis social y económica suscitada, la fabricación de los culpables que sirvieron de justificación para la instauración de ese nuevo orden de derecha nazi – fascista y genocida. Hoy también dice: “el mundo busca nuevos culpables para explicar sus crisis, pero esta vez pretende hacerlo de mano los inmigrantes”.

El debate que se generó por estos conceptos fueron desde la falta de rigor a los vastos interrogantes que plantean sus reflexiones donde queda mucho por pensar sobre ese “capitalismo no liberal” y la conformación por cierto de ese frente heterogéneo, incluyendo el dinamismo de muchos de los movimientos sociales protagónicos de estos tiempos.

Aunque nadie duda de la altura del debate que instala, como tampoco de la centralidad y oportunidad que tiene su discurso, con la simplicidad y espontaneidad que sólo una gran estadista puede lograr.

Así lo destaca Jorge Alemán cuando además concluye que “Podrán los intelectuales advertir sus fallas, sus límites, pero esto no es un discurso de la universidad, es un hecho político por parte de quién atravesó y atraviesa la gran encrucijada del destino de la Nación”.

Por su lado la intervención de Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, quién atrajo en su exposición no sólo por la contundencia teórica de muchos de los conceptos vertidos, que lo confirman como un gran académico al mismo tiempo que se sitúa como protagonista político en la práctica y en la acción.

Entre los diferentes conceptos de la encrucijada que plantea para la izquierda y el progresismo latinoamericano se encuentra por ejemplo, la de lo que denomina una cuestión clave que: “es que las políticas de movilidad social de los sectores populares tienen que tener una sostenibilidad en el tiempo porque cuando no lo son, los sectores sociales que ascendieron fácilmente pueden adoptar el punto de vista de los sectores más conservadores que desde un inicio se opusieron a estas políticas de movilidad social. Y entonces se da la paradoja que gobiernos progresistas pierden por la votación de personas que habían logrado ascender socialmente gracias a la política económica de los gobiernos progresistas”.

Esto plantea la necesidad de establecer, emparentando ambas intervenciones, un profundo cambio cultural para el advenimiento de un modelo económico, político y social que supere las encrucijadas en que nos encontramos, a la hora de debatir la contraposición de los modelos en pugna.

Todo esto ocurre en un escenario que se desmorona, con una economía y una política en decadencia, que sumerge a una creciente población en la pobreza.

No habrá una conclusión única para encontrar fácil la salida. Pero mientras existe la posibilidad de democratizar los espacios de reflexión y de acción, crece la esperanza. Este fue acaso el logro del Foro de CLACSO.

Contrapuesto seguramente a la cumbre del G20 que se aproxima, cuyos movimientos que más suscitan la atención a estas horas, es el desmesurado, acaso exagerado, despliegue de medidas de seguridad que se ostentan. Quizá, no casualmente, para lograr de esta manera oponerle a la reflexión, el amedrentamiento a través de la presencia de tanta fuerza instalada.        

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