Crítica de “Cadaver”: un cadaver endemoniado

Por Miguel Krebs

Título original: La posesión de Hannah Grace.  En Agentina: Cadaver. País: EEUU. Año: 2018. Dirección: Diederik Van Rooijen. Reparto: Shay Mitchell, Stana Katic, Grey Damon, Louis Herthum, James A. Watson Jr., Larry Eudene, J.P. Valenti, Arthur Hiou. Guión: Brian Sieve Fotografía: Lennert Hillege Música: John Frizzell.

Debo confesar que no asistí a ver la película al Centro Cultural Cotesma, sino en una de las salas del multicine del centro comercial La Farga en Barcelona. Ocurre que Cadáver se estrenó la semana pasada y recién la vi el jueves coincidentemente con el estreno en SMA, pero había una sola persona en la sala: yo.

Cadáver es el título que le han puesto en España (es más marketinero), en realidad su título original es La posesión de Hannah Grace, que tiene más que ver con la trama de la película, mezcla del Exorsista (William Friedkin 1975) y La autopsia de Jane Doe (André Øvredal, 2016). Se trata de una película de terror con lugares comunes, nada original, solo para asustar a parejas de jóvenes así tienen una excusa para agarrarse en la oscuridad. Su trama remanida comienza con un sacerdote exorcizando a Hannah (Stana Katic) a la que le crujen los huesos, gira la cabeza 180º y practica todo tipo de contorciones en la cama, como tiene que ser en un cuerpo (¿por qué siempre tiene que ser mujer?) poseído por el diablo.

Continúa la película con una ex policía (Shay Mitchell) que ha dejado el cuerpo a raíz de un trauma sufrido durante un tiroteo y entra a trabajar en la morgue del hospital central de Boston en el turno noche. Allí le van a ocurrir cosas extrañas a la penumbra de los pasillos donde suele cortarse la luz después del ingreso de Hannah al depósito de cadáveres. El director de fotografía Lennert Hillege trabajó al límite de lo visible, incluso en la oscuridad aprovechando algún manchón blanco de una ventana o algún tubo fluorescente como contraluz como debe ser en toda “película de miedo”. Siguiendo esta misma línea la música compuesta John Frizzell remarca con fuerza cada aparición inesperada para que el espectador salte en la butaca. Los efectos de sonidos refuerzan con un eco seco cada puerta que se cierra y siguen presentes los ruiditos de huesos que crujen. ¡Huy, mirá como tiemblo!. En resumen, tuve que pagar 5.50 Euros para ver y escribir la crítica de esta película.