Vaca Muerta: Llevaron preso a un fotógrafo y secuestraron su material de trabajo por retratar piletones de petróleo

Añelo – Stefan Borghardt, un fotógrafo alemán que estaba en Añelo trabajando en un documental sobre la extracción no convencional de petróleo, fue detenido por la policía, estuvo dos horas en un calabozo de la Comisaría 10 de esa localidad neuquina, y recibió un trato de escaso respeto hacia la libertad de prensa, que contó él mismo en las redes sociales.

El hecho ocurrió el lunes. Aquí algo de lo que escribió el fotógrafo, que se desempeña como free lance y había cubierto la Cumbre del G20 y la frustrada final de la Copa Libertadores en el estadio Monumental. Borghardt relata lo ocurrido después que lo detuvieran mientras fotografiaba un piletón con hidrocarburos, desbordado:

Cuándo ya se perfilaba que me iban a llevar a la comisaría, les mostré un escaneo de mi pasaporte en el celular. La mujer policía anotó los datos y después se quedó con mi celular. Arriba de la camioneta, yo estaba sentado atrás, en el medio, con la mujer policía a mi costado derecho, ella tiene que haber notado que me llegaban reacciones a la foto que había enviado al celular, porque empezó a meterse en mi whatsapp. Reprodujo varios mensajes de voz y leyó mensajes enviados y recibidos en altavoz. A la pregunta mía si tenía derecho a meterse en mi celular, no hubo respuesta alguna. Es más, poco antes de llegar a la comisaría de Añelo, le pregunté tres o cuatro veces si le podía hacer una consulta, esperando que pueda recuperar mi teléfono, pero ella no mostró ninguna reacción. Durante el trayecto, los cuatro oficiales me bombardearon con preguntas que se mezclaban con los mensajes personales que se reproducían en mi celular, por lo que se me hace difícil recordar todas las preguntas que me han hecho.

Llegamos al primer lugar donde me iban a hacer una supuesta revisión médica. Cuando negué dejar mi mochila en el vehículo y bajarme sin mis pertenencias, reaccionaron muy molestos y me pusieron las esposas, tirándome para afuera del carro. La revisión médica consistía en pedirme que sacara la lengua y anotar otra vez mi nombre completo. Nos volvimos a subir a la camioneta, yo aún con las esposas puestas. Cuando llegamos a la comisaría, entramos por la entrada trasera, me llevaron hasta la barra de atención y me quitaron las esposas. Me hicieron dejar todas mis pertenencias arriba de la barra y revisaron mis bolsillos y la mochila. Todavía ahí me negaron usar mi teléfono. Mientras la mujer policía labraba el acta de mis pertenencias, escrita a mano en un cuaderno, un oficial que parecía ser un superior me hacía más preguntas y me decía, haciendo gestos con un destornillador eléctrico en la mano, que ya se iban a enterar de la verdad. Después la misma mujer policía me ordenó que firmara el acta, pero por las preguntas que me habían hecho mientras tanto, no sabía si realmente estaba todo documentado de forma correcta. Insistí en leerlo con calma antes de firmar. Me apresuró la policía diciéndome a mí que me apurara y que firmara ya, y al jefe (él se presentó como jefe de la comisaría) que yo no quería firmar. Yo le contesté que sí iba a firmar, pero que me tenía que dejarlo leer antes. De repente el jefe me empujó para atrás y ordenó a los demás oficiales que trajeran un testigo que firme el acta. La oficial me agarró de la mano y me puso el brazo en la espalda, empujándome e insultándome. Me llevó al pasillo de calabozos.

Al testigo que firmó el acta no lo alcancé a ver. En el pasillo estaba parado otro oficial que me pateó al pasar. Llegamos al calabozo y yo me encontré rodeado por unos cinco a siete oficiales, no me acuerdo bien, fue todo muy turbio y atemorizante para mí. Varios (al menos tres) me pegaron, me patearon y me insultaron. Un policía que me maltrataba con una escoba desde lejos, me dijo que él odiaba a los alemanes, a todos los alemanes. Yo durante todo ese proceso tenía las manos levantadas y pedía que no me lastimaran. Me dijeron que si me decían que firmara, tenía que firmar, y que no funcionaban las cosas como yo me las imaginaba. Después tuve que quitarme los cordones de los zapatos y un policía me dijo que me apurara porque si no, me ayudaba él, y sacó una navaja del bolsillo.

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