Crónicas de una abstinencia

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook.  Una idea que nace como consecuencia del uso excesivo de las redes. “Es que a esta altura ya no distingo si soy yo o soy vos”, dice Clara, algo confundida.

El día en que decidió que lo iba a dejar, Clara Oyuela se levantó a las 7.30 de la mañana con el llanto de su hija. Había soñado que atravesaba un bosque de cerezos blancos donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue felíz en el sueño, pero al despertar se sintió por completa salpicada de cagada de pájaros y mensajes de whatsapp. Se debatió entre alzar a su hija que lloraba en la cuna o abrir los mensajes. Pensó que quizás le había llegado una noticia importante. Miró de reojo el teléfono y llegó a ver 30 mensajes de la cadena de su familia “MAMA y sus hijos”, 5 mensajes de “Amigas de los Andes”, 1 mensaje de “Joaquin”, su marido que estaba durmiendo en el sillón del living hacía cuatro meses (tiempo en que su hija de 9 meses había empezado a no dormir), 2 mensajes de números desconocidos (seguro que ahí están las noticias importantes, pensó)…miró a su hija que lloraba y luego, miró el celular.  La falta de sueño había transformado la vida de Clara Oyuela en un calidoscopio, donde todas las imágenes, sensaciones y palabras se amalgamaban unas con otras, y así, en esa mezcla de insensatez, ansiedad, suspiros y cerezos podridos, se decidió por su hija y la abrazó.

Clara es consciente del experimento y sus posibles consecuencias. Además de ser psicóloga, es humana  y está al tanto de los efectos secundarios que puede provocar la abstinencia. Sabe que puede llegar a sufrir ataques de ansiedad o que sus dedos moderados cobren la forma de alguna artritis o se muevan solos en la noche, es consciente de esto  y dice estar preparada para lo que pueda pasar. Clara conoce las virtudes de las redes como todos nosotros, sin embargo, algo la lleva a pensar que su uso desenfrenado es un mal que acecha a la mayoría y solo basta observar la cola de un supermercado, un semáforo en rojo o la parada de algún colectivo. “Quiero volver a ser parte del mundo desde el otro lado. Quiero cruzar el río y por un rato observar y sentir lo que es volver a ser cerezo blanco. Y si me río a carcajadas quiero que a esa carcajada se la lleve el viento y que sea viento y nada más. Además, prometí a mis hijas llevarlas a las estrellas de vez en cuando y en cambio, lo único que tienen, es una mamá ridículamente atrapada en una red de arañas, toda salpicada de cagada de pájaros”

Durante el próximo mes, y a partir de este preciso momento,  Clara Oyuela estará comunicada a través de los siguientes medios:

e-mail: claraoyuela1@gmail.com

Teléfono Samsung año 2000: mensajes de textos o llamadas

Día 1: Incomodidad

“También el amor se aprende”
Crónica de una muerte anunciada

Salirsse del jugeo es incomdo. Escrbir mesjaes de texto con el tclado de mi viejo Samsung mldelo 2000, también. Por eso dsde hoyy que envío msajes cortos y concisos, porque ndie quier recibir menjaes como ests ni yo escribirlos. Salirsse del jugeo es incomdo y no hago más que pensar en el  juego que no esty jugdno. Lo miro desde afura, como el niño al que sacaron de la ronda por no comprnder ls consignas del pato ñato. Supongo que tegno que aprender a escribrir de nuevo hasta que ya no inscomode tanto y ls letras, aunque mezclsadas y deformads, puedan ser leídas como si de letras limpias se trtaran,  como si un acto psicomagico las devolviera a su dimensión original. “¿Qieun me escribe? Prdnon pero no m slen los contactsos en est nuevo teelefono”. Cuando escribo desde este viejo aparato, enviando solo mensajes de texto, siento como si estuviera haciéndolo desde una isla remota, la sensación es incluso aún más fuerte, de alguna extraña manera, me siento abajo del agua, como si estuviera buceando a más de 20 mts de profundidad o estuviera metida dentro de un sifón de soda.

Salirse del juego no solo es incomodo, es difícil. Nadie quiere que sus invitados se vayan de la fiesta en pleno ruido. En Las Vegas, te ofrecen tragos gratis y bien cargados mientras jugas al traga monedas. Cuando nos quisimos dar de baja de X28, la compañía de alarmas, el proceso fue tan largo que Joaquín Bombita tuvo que amenazar con tirarle piedras a  todas las sucursales que existieran en el país. Nadie quiere perder clientes, eso es lógico. Nadie quiere perder seguidores, eso también es lógico, supongo…aunque todo eso me parezca demasiado ridículo por momentos. Por eso, que los tragos sean bien cargados y que la música suene fuerte y que X28 no te permita salirte de su red de coordenadas, porque si lo intentas…bueno, te encontrás buceando abajo del agua y escribiendo desde un viejo lobo de mar valiéndote de un conglomerado de letras indescifrables. Eso sí. Desde acá no se siente ruido, nada de ruido. Y este silencio nuevo algo de nervios da…pero el silencio, como el amor, supongo que también se aprende.

Gracias Gabo por este empujón para aprender a andar en bicicleta de nuevo…