Crux: cerveza de acá, cultura de acá, sabores de acá, historias de acá, tribus de acá y algunos invitados

Entrar a la Cervecería Crux en San Martín de los Andes es un viaje hacia la historia del pueblo y hacia la identidad del desarrollo de sus emprendedores, inquietos, que siempre buscan dar lo mejor en aquello que están realizando: como guías de montaña, como mecánicos, como diseñadores y costureros de las recordadas camperas Cara Sur, y ahora, desde hace 6 años, en la gastronomía.

Es que la Cevecería Crux, ubicada en la Av. San Martín 1291, está dentro de lo que es la Casa Koessler, construida en 1.820, y en parte de donde se encontraba el museo del primer médico de la ciudad. Respetada en sus formas, integra en sus paredes obras de los más variados artistas de la localidad, que la hacen moderna, una síntesis sanmartinense, con grandes fotos por ejemplo de Eliseo Miciu o los percheros realizados por el herrero Andrés Guhl, entre otros.

Nace con una propuesta de cervezas artesanales cuando en San Martín aún no había otras. Algunos bares sí, algo de cerveza también. Pero fue empujando, como ha pasado en otras ciudades, el despertar de estos espacios cálidos, relajados, donde disfrutar de las tan ricas birras que se hacen la región.

En Crux se pueden probar las cervezas de Ramiro de Diego, que bajo la marca Fenris, presenta algunas de sus variedades que le han valido tiempo atrás la distinción del mejor hacedor de birra del país. También están las sabrosas Mukur, del arquitecto Marcelo de Bonis y, de Bariloche, una excelente cerveza artesanal, La Cruz. Todas ellas tiradas desde canillas especiales y sobre las que ampliaremos en unas líneas más abajo. En botellas, la Lácar de Nico Pfister, amigo de la casa, y la Antares.

Los estilos están casi todos: entre las negras, porter y stout, las ipas salen bastante, en verano proponían una cerveza de trigo más liviana y con menos alcohol, están las rojas, scotish y ambar. Tienen nueve canillas andando y van renovando. Si alguien no quiere tomar cerveza pude disfrutar de una copa de vino de algunas de las líneas reserva de la Bodega del Fin del Mundo, o de un clásico Gin, un Campari o el infaltable Fernet.

Jano Gutiérrez, uno de los propietarios de Crux –el otro es su hermano Maxi-, nos cuenta: “la carta es simple porque nuestra cocina es chica: minutas, pizzetas, papas fritas, rabas, tortillas de papas, sándwiches de entraña, de pollo, de bondiolas de cerdo, y un par de postres. Lentejas y Goulash, como platos calientes. Y estamos sacando en baja el plato del día: por ejemplo esta noche sale Bondiola glaseada con puré de batata y salsa de naranja, que nosotros sugerimos acompañar con una buena cerveza negra, tal vez una porter. Sin duda, la perla son las birras”.

El salón es grande y está súper bien aprovechado, con una capacidad para unos 120 comensales sentados. Se arman rincones, como el de la pesca con mosca, donde incluso a veces se desarrollan concursos de atado. A Jano le gusta decir que en Crux se juntan las distintas tribus locales: la de bici, la de pesca, los escaladores, “sigue arrastrando la movida de Cara Sur, nos gusta que entren y se sorprendan del lugar que hay, de cada propuesta”.

También dice contento: “Algo copado que tiene este bar es que hace más de un año es atendido sólo por chicas, una encargada, tres mozas, y generó un cambio en el clima y el servicio que estuvo buenísimo. En la cocina hay algunos hombres pero en el salón sólo mujeres”. Crux abre sus puertas de lunes a sábado (los domingos sólo si es un fin de semana largo, si no es el día para disfrutar en familia y con amigos), desde las 18 horas y, en general, hasta pasadas las dos de la mañana.

Los Gutiérrez son guías de montaña, escaladores, mecánicos, costureros y, desde hace un tiempo, gastronómicos. Jano dice “Nos gusta siempre trabajar en un ambiente de laburo copado, en un ámbito de confianza y con un buen equipo. Esto para nosotros es básico. Es así que todos juntos compartimos algunas vías de escalada o hemos alcanzado la cumbre del Lanín”.

La choperas son un punto aparte. Si bien el diseño interior de Crux es único, ya lo decíamos, y tiene algunos objetos que le dan vida e identidad, y los disfrutan quienes llegan al lugar, las choperas, que al igual que los muebles, están hechas por los Gutiérrez, hablan de su historia de vida, como quien abre la puerta de su casa y se deja conocer: está, como mecánicos que son, la que hicieron con partes de una Toyota que había explotado, con el detalle de la llave 14, del borracho; la que representa los 10 años de costura en Cara Sur con su máquina de coser cervecera. La chopera vinculada a su vida en la montaña con la piqueta y el grampón antiguo; la hecha con restos de cañas de pesca Orvis, entre otras.

Hay un cartel en Crux que dice: “En el mundo de la escalada, Crux es el punto más difícil, crítico y decisivo de una vía. Pero una vez cruzado te lleva a la cima. Quienes nos conocen saben que venimos de la montaña y que esta vez quisimos probar algo diferente. Este bar es nuestro Crux, nuestro desafío. ¿Cuál es nuestra cumbre?  Ser creadores de buenos momentos que se conviertan en buenos recuerdos”. Y está todo dispuesto para que así sea.

Fotos: Leo Casanova – RSM

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