Día 9: La venganza de los niños y las niñas

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook

Viudo– le dijo-: le compro su casa.
-No está a la venta- dijo el viudo.
-Se la compro con todo lo que tiene dentro”
Crónica de una muerte anunciada

Hoy me desperté y en cuanto abrí un ojo, tenía a mi mamá sacándome una foto. Yo estaba todavía dormida y no pude decirle nada. Al rato, mientras tomaba un mate, mi mamá volvió a sacarme una foto. Es muy linda la luz que entra desde esa ventana y te da justo en los ojos. Le puse cara de culo pero no asumió el mensaje. Se hizo el mediodía y decidí ponerme una bikini para salir un rato afuera. Mamá me persiguió y me sacó varias fotos, desde todos los ángulos posibles. Pará un poco, mamá. Qué carajo te pasa, me salió gritarle. Sonrió y me dijo que la bikini me quedaba linda y que las montañas de fondo hacían aparecer la foto como de revista y que a sus amigas les iba a parecer soñada y que hacía mucho tiempo que no me veían, que hay compartir la alegría de la familia con la gente que una quiere. Después me agarró del brazo y se sacó una selfie conmigo, abriendo la boca bien grande, mostrando todos los dientes recién blanqueados por su dentista. No llegué ni a defenderme. Siguió sacándome fotos durante todo el día. De algunas ni me di cuenta porque me sacó durmiendo la siesta, leyendo un libro, caminando por el bosque, duchándome y hasta peleándome con el hombre de la oficina de Rentas. A la noche, mientras miraba Instagram y Facebook, vi todas mis fotos. Había muchísimos comentarios. ¡Qué grande está, la última vez tenía diez años! ¡Quién pudiera vivir en esas montañas! Está flaquita. ¿Esa bikini de donde es? La mejor yerba es Amanda, decile. Rosamonte es muy fuerte. ¿Debe algún servicio que fue a Rentas? Qué graciosa cómo se baña. Decile que se haga ver ese lunar que tiene en la axila. Qué lindas madre e hija. Tan juntas siempre. La llamé a mamá por teléfono en ese instante y le grité cosas irreproducibles. Que quien se pensaba que era para pasar por encima mío de esa forma, que desde cuando se había vuelto tan idiota, que no me importaba que se hubiera vuelto influencer en el mundo del bordado, que eso no la autorizaba a postear todas esas fotos mías. Que alguna que otra foto no es molestia, que lo peligroso es el exceso. Que yo soy la única que decide qué poner, qué escribir y qué decir en las redes y que ante eso, me hago cargo, pero nadie más tiene ese derecho. Además, le recordé, estamos peleadas hace dos semanas y no sé porqué pusiste esa selfie. Sos una falsa. Mamá se rió livianamente y le quitó importancia a mi descarga con un simple “No exageres, Clari”. Me desperté alarmada. Eran las tres de la mañana.  Miré a mí alrededor. Solo fue una pesadilla, me dije. Afortunadamente tengo una mamá que jamás postearía fotos mías sin mi autorización. Por suerte tampoco es influencer ni estamos peleadas hace dos semanas.  Qué pesadilla pensar que hay madres y padres que pasan por arriba de sus hijos como topadoras sociales y que ellxs, indefensos, no pueden decir ni hacer nada al respecto. Al menos hasta que encuentren su propia voz o hasta que exista una ley que regule la sobre exposición de los bebés y lxs niñxs en las redes sociales. Ante eso, solo me sale decir: Dejen a sus hijos e hijas en paz, por favor, no sea cosa que un buen día, en un delicado acto de justicia, todos los niños y las niñas del mundo, todos los bebés que fueron sometidos al nosequé de sus propios padres y madres, se unan para vengarlos y apedreen la vidriera a la que fueron involuntariamente expuestos. El cuerpo, el espíritu y las emociones de todos esos niñxs deberían ser respetados y protegidos, no usados como trofeo del caricaturesco pavoneo social.

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