Crítica de “Boni Bonita”: Lolita a la Brasilera

Por  Miguel Krebs

Título original: Boni Bonita. País: Brasil-Argentina. Año: 2018. Director: Daniel Barosa. Guión: Daniel Barosa. Actores: AilÍn Salas, Caco Ciocler, Ghilherme Lobo. Ney Matogrosso. Música: Eduardo Praça. Montaje: Alejo Santos. Dirección de fotografía: Andre Dip, Caio Pedron. Duración: 85 minutos

Rara vez me ha pasado que me distraigo con cualquier cosa para evitar escribir la crítica de una película que no me convence. Este es el caso de Boni Bonita, especie de Lolita de la primera versión de 1962 donde la protagonista tenía 14 años (en la versión de 1997 tenía 12 años) y en esta coproducción brasilero- argentina, Beatriz (Ailín Salas) tiene 15 o 16 años

La historia  cuenta que Beatriz  una adolescente que tras la muerte a su madre en Buenos Aires se traslada a Brasil con su padre ausente  (nunca lo vemos, de manera que es un verdadero ausente). En un concierto de rock, se siente atraída por el líder de bandas Rogério (Caco Ciocler), un músico que bordea los 40, luchando con la sombra de la exitosa herencia musical de su abuelo (mentiras)  Beatriz va a su casa y entabla mágicamente un relación amorosa con abundante secuencias de sexo, rodeado de un ambiente paradisíaco.

Llama la atención que todas críticas dicen lo mismo, algunas “versean” más que otras, aparecidas el mismo día del estreno como tomando nota de una gacetilla de prensa. Un ejemplo; todas coinciden en decir que fue rodada en tres formatos, en 16mm, en super 16 y en digital.  Lo rodado en un 16mm desteñido, en ocasiones fuera de foco y atravesado por las típicas rayas y manchas de la emulsión, y eso no es cierto, no hay tomas fuera de foco y a veces aparecen rayas, pero sobre todo en tomas que muestran paisajes (donde se nota un cuadro cinematográfico más chico) También todas las críticas se empeñan en remarcar que Daniel Barosa, su director, estudió en la Universidad del cine en Buenos Aires.

Lo real esta película es más aburrida que chupar un clavo. Desde el comienzo está plagada de planos generales donde una cámara estática genera interminables y fatigosas secuencias. Cuando el director decide mover la cámara lo hace caóticamente y no aporta como expresión dramática al relato. Lo único rescatable es la actuación de Ailín Salas en su papel  de sadomasoquista y menor medida Caco Ciocler en el rol del músico. En cuanto al cantante y actor Ney Matogrosso aparece en una secuencia desaprovechada por ese empeño del director de no alternar con primeros planos con un plano general.  Además comercialmente Boni Bonita estuvo muy mal promocionada, nadie tenía idea de que va la película, ni siquiera los dos espectadores (incluyéndome) que había en la sala del Centro Cultural Cotesma.

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