Día 24: A dedo

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook

Pensé que así se conservaría por más tiempo- me dijo el Padre Amador.
Crónica de una muerte anunciada

Hoy levanté a una chica que estaba haciendo dedo en la ruta. Yo iba para el centro y ella hasta la parada de gas, ahí nomás. Tenía unos anteojos grandes color bordó y el pelo teñido de rubio. Llevaba su celular en la mano y desde que empezamos a hablar  intuí que me quería mostrar algo. Me contó que vivía en San Martín de los Andes hacía cinco años- ah, yo también- pero antes había vivido en muchos lugares porque su papá era gendarme- yo también pero no tengo un papá gendarme. Al principio me costó muchísimo la adaptación- a mí también. El rosal ya creció y yo todavía me sigo adaptando-  llegué en la adolescencia, pero después, ¿sabes qué? pensé que había sido positivo porque ahora puedo relacionarme con cualquier persona sin importar la edad, el sexo o la posición social.  Soy así como me ves, muy dada. Eso sí. Me costó una internación en el hospital. Gastritis emocional aguda- a mi parecido, tres ataques al hígado y una separación que duró tres meses-  Pero al final fue positivo porque ahora soy así como ves, muy dada. Faltaba poco  para llegar a la parada de gas. ¿Viste el arco iris hoy a la mañana?, me preguntó.  Mirá, por suerte pude sacarle unas fotos lindísimas, porque el arco iris desaparece rápido. Y revisando las imágenes de su celular, encontró el arco iris que andaba buscando desde que se había subido al auto.

…..

Yo quería soltar el arco iris y que sólo quedara el relato. No lo filmes aunque se pueda. No lo publiques, aunque se pueda. Ellas son, con seguridad, lo más importante que me dio la vida y desde acá, tan cerca de mi cordillera y tan lejos del mar, las redes se sienten algo ridículas. Es cierto, cada tanto también salen arco iris, pero ¿cómo exponerlas, a sus pocas horas de vida, al espectáculo del otro? Prefiero, con seguridad, que sobreviva el relato y que el tiempo les regale mis palabras y las tuyas, si lo que vuelve a la existencia color iris es, justamente, lo que vuelve mágico al arco; su desaparición repentina entre el sol del mallín, los colores nítidos que se diseminan en montones de naturalezas muertas. Azucena, vos naciste con una canción de regalo. Se llama “Crecer” y es la misma canción con la que, algunos meses atrás, habíamos llegado a Alaska. Cuando naciste, llamó la atención la energía de tu llanto y el médico, Juan Cabrera, dijo que había sido un parto fuera del manual. Eso me alegró porque los manuales siempre me aburrieron. Alguien en el pasillo dijo que eras una bebita con carácter. En la habitación que compartimos durante las primeras horas, otra mamá escuchaba música cristiana y había un bebé que se llamaba Benjamín Inti y su mamá lo envolvía como también envuelven a los bebés en Mongolia. Miranda, vos naciste con “Regalitos”, y en la sala de partos, el único hombre era tu papá. Naciste con un manto blanco y hay quienes dicen que eso es augurio de lucidez. Yo lo creo, porque lo veo en tu mirada. No existe momento en mi  vida más mágico que el de la llegada de ustedes. Me preparé mucho para que así fuera, porque a la magia también hay que trabajarla. ¿Hay acaso algo más sagrado que la palabra y su capacidad de transformar la mismísima nada en un tobogán de colores? La calma, quizás, que me permite encontrar la palabra que deseo entre tantas letras desparramadas. Silencio. El que me permite contemplar el arco y guardarlo en mi memoria desprolija para siempre,  y después… quién sabe cómo era exactamente. Tampoco me interesa. Sólo me interesa el relato imperfecto, de todo aquello que no elijo conservar, porque es tanto el amor, es tanto el espíritu que lo envuelve, que si me aferro como una foto a sus colores y en un abrazo atrincherado grito ahora es mío! pierdo para siempre la palabra y lo imperfecto de la magia. Me pierdo.

…..

Si, fue lindísimo, le respondí, mientras miraba de reojo la imagen.  ¿Y la volvés a mirar cada tanto a esa foto?

Mmmm… la verdad que no tanto. Pero siempre es bueno tener un arco iris guardado en el teléfono. Por las dudas, viste…

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